Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


martes, 29 de noviembre de 2016

DE VISITA EN LA HABANA

De visita en La Habana

Por 
Hernando Uribe Castro
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales


Foto: Selfie Luis Hidalgo y Hernando Uribe Castro, Avenida Salvador Allende. La Habana, Cuba, 2016.

Siendo las tres de la tarde de aquel sábado 19 de noviembre, luego de hacer escala en el aeropuerto de Panamá, el vuelo 0246 de Copa Airlines arribó a tierra cubana. Llegaba junto con Luis a la mayor de las Antillas en el mar Caribe. Era nuestro primer viaje juntos por fuera de Colombia. Un viaje que, personalmente, había anhelado inmensamente desde hacía mucho tiempo atrás. Debía participar en un simposio internacional sobre medio ambiente como parte de las actividades de mi pasantía doctoral. En este evento pude enterarme que Cuba es el único país en el mundo que cumple con las condiciones para consolidar el modelo de la sustentabilidad en todas sus dimensiones según las Naciones Unidas.

La emoción se hizo intensa cuando el piloto nos informó que estábamos a pocos minutos de aterrizar. Al llegar al Aeropuerto Internacional de la Habana -José Martí-, y desde el mismo momento de bajar del avión e iniciar nuestro recorrido por los pasillos de la terminal aérea, las cosas empezaron a tornar distintas, a verse diferentes. Pasamos por los entes de control, el chequeo excesivo a nuestras pertenencias y nuestros cuerpos expuestos a la cámara de rayos X; los maletines en el piso fueron olfateados por un perro y unas hermosas agentes de policía nos hicieron mil preguntas sobre el motivo de nuestro ingreso a la isla. Esta es la carga que afrontamos muchos colombianos cuando viajamos por el mundo.

La primera gran impresión fue la de encontrar un aeropuerto sin publicidad, ni carteles comerciales, ni ofertas de productos. Las paredes pintadas de color rojo y una infinita fila de turistas dispuestos a pasar por el puesto de migración. No encontramos afiches publicitarios luminosos con mujeres semidesnudas, objetos atrayentes o comerciales ofreciendo celulares, autos, comidas, lujos, ni nada de eso que son características de estos espacios de flujo y que marean los instintos con su carga de colores, mensajes y que hacen muy igual a todos los distintos aeropuertos del mundo. No era el aeropuerto José Martí un centro comercial o un Shopping Center como sí lo son otros aeropuertos por donde hemos tenido la oportunidad de transitar.

Luego de pasar ilesos por todos los chequeos, requisas, controles y preguntas, pudimos salir de esta terminar aérea para cambiar los dólares por pesos cubanos, billetes muy interesantes por cierto. Afuera de este lugar nuestros ojos se toparon de frente con una ciudad espléndida que estaba ahí, lista para ser descubierta y para volver todos nuestros prejuicios trizas. Los colores de esa tarde habanera fueron diferentes a los mil atardeceres que habíamos experimentado a lo largo de nuestras vidas. Fue un momento mágico, lleno de ansiedad y deslumbramiento.

Un cubano cincuentón, educado y elegantemente vestido nos recibió en las afueras del aeropuerto, nos condujo al taxi y nos paseó por una importante, amplia, descongestionada y rápida avenida que comunicaba el aeropuerto José Martí con el barrio en donde se localizaba el hostal. Al empezar a transitar por esta vía, de inmediato un asombro increíble se tomó nuestras mentes; la sensación de volver en el tiempo fue algo muy especial. Era tal la maravilla que nos era imposible decirnos algo en ese trayecto a pesar de nuestro intenso cruce de miradas. Como si deseáramos decir algo con respecto a lo que nuestros ojos veían.

Una sensación extraña como el de estar en una época distinta, como si hubiéramos abordado una máquina que viaja a través del tiempo. Esta delicada sensación fue algo persistentes desde el principio hasta el final del recorrido. Nos atrajo mucho el ver aquellos autos considerados como "clásicos" en nuestro país, rodando tranquilamente por la excelente autopista como cualquier coche moderno. Algunos de estos autos los había visto en la caravana de autos antiguos que se hace en la Feria de Cali. Engalardonados, con finos acabados, multicolores, lujosos y en excelente estado. Era tal la impresión que no lográbamos explicar nuestras percepciones. Nos mirábamos para tratar de comunicar nuestras ideas pero era imposible decir algo, porque con cada metro recorrido en esa autopista, algo nuevo inspiraba nuevas sensaciones o algo distinto llegaba a nuestras vistas para deslumbrarnos.

Edificios muy antiguos, barrios, zonas verdes, personas caminando en los parques y sentadas en las bancas, conversando como si el tiempo no tuviera tiempo. Como si la calma se hubiera instalado entre sus entornos. Sonrientes, tranquilos, pacíficos. Vimos parques tupidos de especies de árboles distintos, todo con un encanto entre colores de tonalidades de verdes y café que contrastaban siempre con el azul profundo del cielo. Mirar hacia el cielo era hermoso, mirar hacia las calles lo era también.

Todo el recorrido fue así hasta llegar al hostal, lugar donde nos recibió don Jorge, un cubano muy amable quien nos dirigió luego por dos cuadras más abajo de su casa hacia otra pequeña casa donde nos esperaba en el andén una hermosa viejecita, llena de vida, de risa y de alegría, que al vernos nos recibió con dos besos, uno en cada mejilla, como si hubiésemos sido amigos de toda la vida, desde su infancia. Amabilidad, cordialidad, buen trato y respeto fue lo que nos hizo sentir muy tranquilos y como en casa esos besos de bienvenida. Esa noche el cansancio no se pudo apoderar de nuestros trajinados cuerpos, no pudimos dormir, pues juntos y en una misma cama conversábamos sobre todo ese espectacular escenario de objetos, personas y naturaleza que había visto desde nuestra llegada a ese lugar. Todo en mil contrastes de colores, olores, formas y tamaños.

En los días siguientes no hicimos más que caminar y caminar. El olor del tabaco en cada rincón de la ciudad era abrumador. Salíamos a conocer la ciudad que había logrado deslumbrar nuestros apabullados sentidos y entre más caminábamos entre gentes, calles, plazas, avenidas y vías, más nos movía las emociones: una fachada aquí, una puerta allá, un balcón, un monumento. El aire, las zonas verdes, el sol ardiente siempre colgado en el cielo azul siempre despejado y con escasa nubosidad, las gentes, los perros, los gatos, las aves, los árboles, el viento frío del norte, todo en conjunto llenó cada rincón de nuestras mentes. Ideas iban y venían, hablábamos, nos tomábamos fotos aquí y allá. Cada lugar era perfecto para dejarlo plasmado en una imagen de fotografía. Para donde dirigíamos la mirada, veíamos un paisaje de postal. Probamos su cerveza, su café, los refrescos.

En algunos momentos teníamos que parar, sentarnos a descansar, púes habíamos caminado kilómetros y kilómetros sin sentir el cansancio. En una de sus mañana caminamos desde el Palacio de las Convenciones hasta la Plaza de la Revolución. El tiempo no contaba, tampoco la distancia. Solo el sol del medio día con sus rayos fulminantes sobre nuestros rostros y cuerpos, nos recordaba que el tiempo y el espacio existían. Tratábamos de darle un orden a nuestras ideas, de comprender cómo vivían las personas. Tomados de las manos sin sentir ningún atropello, ver un mal gesto o recibir alguna burla, fluimos por calles, avenidas y plazas. Compartíamos nuestras apreciaciones, nuestros indicios, nuestras comparaciones.

Cada cruce de calle y en cada esquina la ciudad nos tenía preparado una nueva sorpresa, nos mostraba algo distinto y algo espléndido. Estábamos como encantados ante esa arquitectura exquisita. Casas de mil formas de primeros tiempos del siglo XX o incluso más antiguas sería un sin duda un festín para cualquier profesional de la arquitectura, ingeniería, restauración o diseño. Toda la ciudad nos parecía un museo vivo. Pero lo más mágico que pudimos captar y que conmovió enormemente el corazón es que al caer la noche en La Habana, su cielo se prende de estrellas que palpitan en la inmensa y profunda oscuridad del universo. En pocos lugares en los que había tenido la oportunidad de estar, había logrado ver una noche estrellada, con astros fugaces y titilantes al ritmo del palpito del corazón y con el sonido del mar de fondo. Muy emocionados, tratábamos de explicarnos y de comprender que era todo ese encantador lugar que se nos incorporaba ya no sólo en los sentidos sino también por las venas hasta llegar al corazón. Nos sentíamos felices y agradecidos de compartir juntos esos maravillosos momentos.

Al visitar La Habana Vieja, lugar por cierto muy bonito y bastante turístico, se veía la oleada de holandeses, franceses, canadienses, mexicanos, orientales (a lo mejor chinos, a lo mejor japoneses). Pasajes peatonales, algunas calles estrechas con ventas de artesanías, hermosos balcones de madera, puertas y ventanas de estilos particulares, aldabones con formas de animales, olores de comida que ondeaban suavemente por cada rincón, restaurantes entre el bullicio de mil idiomas, rostros distintos, colores de piel diversos y monumentos que trataban de narrarnos historias, como si tuvieran la capacidad de hablar con cada uno. Uno que otro grupo antillano tocando con sus instrumentos en los restaurantes la trova tradicional. Un hombre que baila al son de esta música entre los asistentes y llenaba de risas a todos los que posábamos la mirada sobre su pequeño y elástico cuerpo.

Los cubanos y las cubanas nos confundían por mexicanos y se asombraban cuando les aclarábamos que éramos colombianos. Las referencias que tenían de nuestro país eran el Proceso de Paz, el presidente Santos, Shakira, la novela del Grupo Niche, el futbolista James Rodríguez, pero también escuchamos palabras desafortunadas como Pablo Escobar, paramilitarismo, A. Uribe, narcotráfico y otros aspectos. Con quienes conversamos en las calles nos manifestaban la importancia de la paz para Colombia. Nos preguntaban por lugares como Barranquilla, Medellín, Cali, Cartagena y Bogotá. 

No vimos en la calles mendicidad, no vimos miseria, no vimos jóvenes consumiendo drogas, ni tampoco niños en los semáforos pidiendo dinero o limpiando vidrios. No vimos cubanos pegando sus rostros a celulares. Nada de eso. Vimos personas alegres, cordiales y amables. Jóvenes en las calles conversando, patinando, leyendo, jugando o caminando. Los únicos arrinconados y esclavos de celulares fueron los grupos de turistas que se hacían apretujados en algunos lugares en donde se podía captar alguna señal de Internet.

Algunos cubanos nos comentaron de los bajos salarios, de algunas dificultades de su país, pero eso sí, muy orgullosos de su excelente nivel educativo, de la prestación del servicio de salud, de la seguridad y la tranquilidad de una isla que poco a poco es tomada por el turismo. Ven en el turismo una vía importante, una esperanza, para mejorar sus ingresos. En las calles pudimos leer frases filosóficas de gran importancia, frases educativas y revolucionarias. Imágenes del Ché, De Camilo Cien Fuegos y las mil imágenes, monumentos, menciones, postales y grafitis del prócer Martí. 

Desde el bonito Malecón se veía el mar y sus olas picadas. Se podía oler y casi saborear la sal de sus aguas. Adornaba este lugar las murallas de los castillos españoles que enarbolaban la bandera cubana y un hermoso faro que hacía girar su potente luz hacia el horizonte del océano. A las 9 de la noche en punto un cañonazo se deja oír para indicar que la ciudad duerme. 

Nos encontramos con nuestra amiga cubana Angelina y su amable esposo que nos brindaron un recorrido por distintos lugares de la Habana, contando su historia. Luego, llegaron nuestros compañeros de viaje, Jonathan y Aceneth, maravillosas personas con quienes compartimos experiencias imborrables. Caminar todos por estos preciosos lugares deslumbró nuestras emociones. Nuestros rostros estaban llenos de sonrisas, de sorpresas, de fascinación. Los cuatro fuimos en este tiempo de estadía en Cuba como una familia que descubríamos no solo nuestra humanidad, sino también un lugar maravilloso que en cada esquina, en cada detalle, hacía sentir el increíble mundo del que hacemos parte.

Foto: Selfie de Jonathan Rodríguez, Aceneth Perafán, Luis Hidalgo y Hernando Uribe Castro
en Playas de Varedo, Cuba. 2016.
Vimos y conversamos con las personas, con los taxistas, con los vendedores, con todo aquel que pudiera decirnos algo. Nos topamos con santeros entre sus santos, visitamos sus casas y vimos sus lindas sonrisas. Nos mostraron imágenes de las deidades orishas, estampas de Agayu (San Cristóbal), Babalu-aye (San lázaro), Shango (Santa Bárbara), Eledda (el ángel de la guarda), entre otros. Algunos santeros con 50 años de edad y más que parecían de 30, como si hubieran encontrado la fuente de la eterna juventud. Visitamos las librerías en donde abunda la historia de la revolución.

Cada uno de los lugares y rincones de La Habana, por donde tuvimos el placer de caminar y la oportunidad de estar-vivir, guarda orgullosa todo el peso de su historia de su pasado. Lugares y gentes fascinantes. Testimonios interesantes que los cubanos comparten como narraciones aun vivas, nocturnas en espacios públicos luminosos donde confluyen los ciudadanos. Entendimos que La Habana es una realidad que no se puede leer con los lentes de los prejuicios sino con los elementos del contexto histórico y del proceso social. 

Visitamos no solo los lugares emblemáticos como la Plaza de la Revolución, el Capitolio, La Habana Vieja, El Malecón, La Universidad de la Habana y El Gran Teatro, sino que tuvimos el gusto de hacer nuestra estancia en uno de sus barrios con las gentes del común, del diario vivir. Los vecinos nos saludaban, estaban pendientes de que estuviéramos bien y siempre listos para atender cualquier inquietud, cualquier favor o prestar cualquier ayuda. Encontramos una comunidad organizada, solidaria, colaborativa. 

Nos hospedamos no en un hotel cinco estrellas del centro histórico sino en un hostal pequeño de un barrio, la casa de Cristina, la casa de Oralia, maravillosas mujeres de distintas generaciones que nos dieron la bienvenida, que nos acogieron, que nos acompañaron y que nos enseñaron tantas cosas. En este lugar pudimos ver el diario vivir del cubano, ir a la tienda, caminar en las noches por las calles y en el día por toda la ciudad. Probar los sabores de su comida local y de su dieta. Los hombres y las mujeres, en su mayoría con ojos y rostros muy bonitos, en tonos distintos de piel color canela. Montamos en guaguas (buses), taxis de distintas épocas y hasta en un auto Ford de 1928 que andaba elegante por tan arboleadas y amplias calles en perfectas condiciones.

Visitamos Matanzas y Varadero. Todo un viaje demasiado encantador. Las playas de Varadero nos parecieron del color de la avena en polvo y un mar en tonalidades de azul y verde. Una arena tan fina que se quedaba impregnada en todo el cuerpo y en el cuero cabelludo. El color de la arena de la playa contrastaba con el azul del mar y del cielo. Las playas eran públicas, para nada privadas, limpias totalmente, con turistas tomando el sol y jóvenes vigilantes que, bien vestidos, se paseaban por toda la playa. 

No hay lugar en La Habana que omita el peso de su pasado. El Gran Teatro de la Habana deslumbra de día y de noche: una joya que en la profundidad del negro de la noche refleja entre amarillo y blanco ese punto del centro histórico de la ciudad y que deja boquiabierto a cualquiera, sobre todo por la historia que tiene este lugar para el pueblo cubano. 


Foto: El Gran Teatro de la Habana. Hernando Uribe Castro, Cuba, 2016
Toda la ciudad habla, dice, comunica. Una ciudad que grita a todo pulmón su historia. Una sociedad muy interesante. Para conocerla hay que vivirla y para entenderla hay que caminarla, hablarla con sus pobladores, preguntarla a sus habitantes, fluir por sus calles, recorrer todos sus lugares. 

Como conspiración del cosmos y estando aún en La Habana nos llegó la noticia de la muerte de Fidel Castro, el líder emblemático que ahora se convertía en leyenda para la historia de la civilización humana. No lo podíamos creer que ese acontecimiento tan importante se diera justo en nuestra visita, pues acabábamos de experimentar una ciudad en donde las personas se encuentran aún en las plazas y parques públicos para hablar de la historia de la ciudad, de tantas cosas y de un Fidel con vida. Seguramente su partida traerá transformaciones a la isla, pues como toda sociedad, la cubana está expuesta a las incertidumbres del tiempo y del cambio social. Una experiencia única, maravillosa y encantadora que quedará en la mente de Luis y en la mía como marca imborrable por el resto de nuestras vidas.

Pensamos volver una y otra vez. Las veces que se pueda lo haremos. 
¡Qué hermoso país es Cuba!


miércoles, 26 de octubre de 2016

La Laguna de Sonso

La Laguna de Sonso, Valle del Cauca, Colombia

Por: Hernando Uribe Castro, Magíster en Sociología
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales


La Laguna de Sonso es de los pocos ecosistemas que quedan como muestra de lo que en algún momento fue el paisaje biodiverso del valle geográfico del río Cauca en Colombia.

Actualmente posee una extensión de 2.045 hectáreas, de las cuales, se supone que 745 has son de la zona lagunar (cifra por cierto muchísimo menor porque la mayor parte de este espejo de agua está hoy copada por el buchón de agua) y 1.300 has en zona amortiguadora.

Se alimenta de las aguas del río Cauca en periodo de lluvias intensas y en menor proporción de algunos afluentes: ríos Guadalajara y Sonso. Se encuentra dentro del ecosistema bosque seco tropical inundable a la que llegan especies de aves migratorias. En ella existen especies de fauna y flora, formando un ecosistema valioso e importante para el planeta.

Foto: Hernando Uribe Castro en la Laguna de Sonso - Bosque seco tropical inundable
Septiembre de 2016.

La laguna tiene funciones tales como la regulación natural del caudal del río Cauca, la disminución de la frecuencia de los desbordamientos del río Cauca aguas abajo de la laguna, la recarga y descarga de los acuíferos (aguas subterráneas), la estabilización de las condiciones climáticas locales, la filtración natural previniendo el aumento de nitritos, los cuales producen eutrofización; pero también es un ecosistema del que se sustentan comunidades de pescadores.

La dinámica natural de esta laguna ha sido afectada desde los años cincuenta por parte de propietarios privados interesados en ampliar la frontera de los cultivos de la caña de azúcar y también por parte de las agencias del Estado, cuando por ejemplo, se hizo la vía que conectaba Yotoco-Buga en los años sesenta. De ahí en adelante las afectaciones han sido recurrentes, pues tal como se conoció en los inicios del 2016, propietarios privados habían afectado la laguna haciendo jarillones, rellenando y desecando este lugar.

Foto: Hernando Uribe Castro, Laguna de Sonso, Septiembre de 2016.
Ella representa un conflicto de intereses que pone en evidencia, por una parte, el avance agroindustrial y por otra, la capacidad de la movilidad social para defender un espacio natural de las dinámicas de capitalismo corporativo agrario. Una comunidad ambiental que integra campesinos agrícolas, pescadores, académicos, intelectuales y todo tipo de actor social sensibles a la naturaleza. Todo un conjunto de sujetos que como comunidad ambiental proponen distintos repertorios que van desde marchas, concentraciones, caminatas, eventos académicos, difusión de folletos hasta denuncias públicas en medios de comunicación, exigencias a autoridades ambientales. A los repertorios de defensa por la laguna de las tradicionales, se le sumaron los repertorios más recientes cuando el marco legal constitucional y normativo fortalece la demanda y denuncia penal ambiental para la judicialización de los promotores del daño ambiental.

Por su parte, las instituciones del Estado ante las distintas demandas han dado como respuesta acciones de institucionalización del conflicto como: emitir decretos, normas, acuerdos, instrucciones e, incluso, procesos sancionatorios, como aquellos que se tomaron en el 2016 contra algunos de los propietarios privados que habían afectado la laguna en diciembre del 2015. Sería muy interesante que se diera a conocer de parte de las autoridades en qué va todo este proceso.

Este es un conflicto que deja una gran inquietud y tiene que ver con lo siguiente: A lo largo de todo este tiempo, la autoridad emitió decretos, acuerdos y normas para defender y conservar la laguna. Incluso, la Carta Constitucional de 1991, la creación del Ministerio del Medio Ambiente en 1993, la Ley de Ordenamiento Territorial de 1997, la inclusión de Colombia en la red RAMSAR, entre otros actos de carácter jurídico y legal que se podrían citar, se han erigido como soporte central para la conservación de los ecosistemas del país en sus condiciones ecosistémicas propias y propicias para la existencia de la vida. ¿Ha sido suficiente todo este marco legislativo, legal, para la defensa de la naturaleza? ¿Por qué existiendo toda esta normatividad y toda la defensa comunitaria, la Laguna de Sonso continúa con su proceso de deterioro ambiental?

El caso de la Laguna de Sonso muestra claramente los efectos nocivos del interés de unas elites de avanzar en el proceso expansivo de la caña de azúcar en el valle geográfico del río Cauca, siendo éste ecosistema significativo para la dinámica hidrológica del río, la biodiversidad de especies y la sustentabilidad de las comunidades campesinas.

Foto: Hernando Uribe Castro. Frontera de la caña de azúcar en la Laguna de Sonso.
Septiembre de 2016.
Según el Acuerdo 105 de 2015 de la CVC, se hace la homologación de denominación de la Laguna de Sonso de Reserva Natural a la categoría de Distrito Regional de Manejo Integrado Laguna de Sonso. Entre una cosa y otra existen diferencias sustanciales en términos de su protección, conservación, pero también de su uso. ¿Qué repercusiones ambientales tiene esta nueva denominación? ¿En qué momento se dio este cambio y por qué la comunidad no se percató de esta nueva denominación? ¿Qué ventajas y desventajas representa para la laguna esta transformación en Distrito Regional de Manejo Integrado?

martes, 4 de octubre de 2016

EL DÍA QUE SE DIJO NO

EL DÍA QUE SE DIJO NO!

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología, Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Como un hecho inédito, por las condiciones en que se presentó, y luego de cuatro años de negociación entre el grupo de guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el gobierno colombiano del presidente Juan Manuel Santos, se logró firmar el "Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" el cual no solo se le presentó a los colombianos sino también a la comunidad internacional quien, desde sus distintos espacios y escenarios, ofreció todo su apoyo: Organización de Naciones Unidas, Unión Europea, e incluso, el Vaticano.

El momento llegó, la fiesta se sentía en las calles de aquel 2 de octubre cuando se llevó a cabo el plebiscito como acto para la refrendación de este acuerdo y como parte de la promesa democrática para que no fuera una imposición que haría el gobierno al pueblo colombiano. La pregunta en el tarjetón que se entregó a los votantes era: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”.

Luego de la larga jornada de aquel domingo, el resultado fue increíble para un país que había vivido 52 años ininterrumpidos en conflicto armado: el plebiscito lo ganó el “No” a la paz, que es un No al acuerdo firmado con las Farc-ep por una mínima ventaja sobre el SI. El país quedó polarizado de este modo: 6.419.759 (50,23%) ciudadanos rechazaron en las urnas lo pactado con la guerrilla, frente a los 6.359.643 (49,76%) que dijeron “Sí”. Con este resultado la fiesta por la paz se tiñó de gris. Una lluvia intensa al modo de tormenta invadió toda Colombia. Tormenta que se vivió también en los corazones de quienes votamos SI. La noche quedó en silencio. Muchos se movilizaron a las redes sociales a expresar su dolor de patria, su angustia, su rabia, su impotencia y su indignación. El mundo entero no lo podía creer y tampoco entender. Los medios globales anuniciaron "Colombia dijo NO a la paz".*

La pulsión de muerte y terror volvió a recorrer el espíritu del territorio que se creía pacificado y que, liberada, se impuso como una emoción que flotó sobre los efectos salvajes del odio.

¿A caso este resultado fue sorpresivo? ¿Qué se puede esperar de una población enferma de odio, entretenida con fútbol e ignorante en cuanto a cultura política? Una población manipulable que es, ingenuamente, leal a los valores que imponen los medios de comunicación y algunas élites de poder que producen la guerra a través de dispositivos culturales sutiles como la radio y la televisión. Uno de los momentos de mayor expresión de "estupidez colectiva" que contarán los jóvenes de las generaciones futuras cuando traten de entender este momento en la trayectoria histórica de este país. Un caricaturista reconocido en Colombia dibujó el símbolo de la paz, la paloma blanca, crucificada con una frase bíblica: “Padre, perdónales porque no saben lo que hace”.

Sin duda alguna, se dejó ver la “embriaguez social y colectiva” producida por el constante “cóctel” que los colombianos ingerimos diariamente y que combina: una baja institucionalidad, altos niveles de corrupción, ignorancia en cultura política de una alta proporción importante de los ciudadanos que sabe más de fútbol que de historia y, que además, desayuna, almuerza y cena viendo aquellos noticieros que son los dispositivos por excelencia de la manipulación y el control del imaginario social y colectivo. Medios de comunicación que alcanzan importantes ingresos reproduciendo la violencia física y simbólica con novelas de narcotráfico, violencia y dolor. Apología a los males globales de la sociedad y poco sobre educación, la convivencia y el amor.

Al parecer, una muy buena parte de los colombianos no tenía ni idea de lo que significaba vivir el conflicto armado pues lo habían visto a través de sus pantallas y en sus hogares urbanos, mientras que aquellos que vivieron en carne propia la visita de la muerte, el sonido de los fusiles y las metrallas y que además en algún momento tuvieron que salir corriendo de sus campo y lugares de vida como aldeas y pueblos, exigieron de inmediato la Paz. Con los resultados del plebiscito, las victimas fueron revictimizadas. 

Interesante el que en aquellos municipios más golpeados por la violencia el pueblo salió a las urnas a votar por el SI de la aprobación de los acuerdos. En lugares como Bojayá (Chocó), que fue afectado ferozmente por la confrontación de los grupos armados, por ejemplo, la gente perdonó a las Farc-ep y votaron SI con el 95%, mientras que en ciudades capitales como Medellín un 63% dijo NO. Unas votaciones donde la abstención llegó a un 62%. La ceguera se impuso sobre las mentes ingenuas mientras que la lucidez del pueblo colombiano se escondió.

A partir de este momento y ante estos resultados, volvió a la mente de muchos colombianos lo aprendido cuando en los libros se nos hablaba de la “Patria Boba”. Las clásicas frases de Simón Bolívar se hicieron notar nuevamente en las redes virtuales: "Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción". El país entró en una situación de incertidumbre. El gobierno de inmediato llamó a la calma social y a llevar a cabo un gran acuerdo nacional invitando a todos los partidos políticos a buscar la ruta más apropiada para afrontar esta difícil situación. Los impulsores del NO, como acto de victoria, se dejaron ver en todos los noticieros felices y triunfantes. Los partidos políticos en silencio total. Las Farc-Ep desde Cuba, lugar que los había acogido durante el proceso de negociación dijeron que se mantendrían firmes en la búsqueda de la Paz.

Ahora el escenario colombiano es para tomarlo con pinzas y esperar la estrategia política del presidente Santos, que seguramente, impaciente, preocupado, tendrá que tener el control y la serenidad para sacar este proceso adelante. Los estudiantes de las universidades empezaron a hacerse sentir en las calles, movilizándose y pronunciando la palabra "Paz", haciendo marchas de antorchas y jornadas de caminatas por las principales ciudades. El país macondiano se dejó ver como lo que es, y como García Márquez ya lo había descrito en su famosa obra.

El caso colombiano es un reto inmenso para cualquier pensador e intelectual en el mundo que trate de comprender una sociedad como esta. Y para los pensadores colombianos, este país implica un reto doblemente inmenso, pues tenemos que hacer el esfuerzo para comprendernos, para extraernos de nosotros mismos y poder ver la verdadera cara del pueblo al que pertenecemos.

*Sugiero lean esta entrevista el promotor del NO que muestra claramente las estrategias utilizadas para manipular a los votantes ingenuos:
http://www.larepublica.co/el-no-ha-sido-la-campa%C3%B1a-m%C3%A1s-barata-y-m%C3%A1s-efectiva-de-la-historia_427891

martes, 27 de septiembre de 2016

UN AVANCE SIGNIFICATIVO EN COLOMBIA PARA EL MUNDO

Un avance significativo en Colombia para el mundo

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología, Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Desde que tengo más o menos conciencia de la vida, mis oídos han escuchado, mis ojos han visto y mi cuerpo ha sentido, directa e indirectamente, los estragos del conflicto armado que ha tenido como consecuencia, un reguero de vidas muertas, desaparecidas, excluidas, torturadas y desperdiciadas. Ecosistemas destrozados, campos arrasados, minados y bosques talados. Madres humildes que cargaron con el dolor de perder a sus hijos, esposos y familiares.

El dolor de cada colombiano, de cada ser humano que enfrentó la perversidad de la guerra, lo llevamos como carga en nuestros hombros pues somos parte del mismo sistema.

Hoy, con este avance significativo de las negociaciones de paz surge una nueva esperanza, motivos que llenan el corazón de un nuevo sentir sobre la bases de que es posible, en el límite de la existencia, volver a vivir; motivos para una sociedad en cambio, que se veía obstruida y desgarrada por el continuo dolor promovido, muchas veces, por la manipulación de unas elites poderosas que se lucraban del conflicto, que tenían el control sobre la vida de cada uno de nosotros y cuya rentabilidad de la guerra les hacía más poderosos y ricos cada día.

¿Cuántas veces despertamos odios y rencores por desconocimiento? ¿Cuántas veces emitimos prejuicios a poblaciones que habían sido victimizadas y re-victimizadas por el simple hecho de sentirnos más? ¿Hasta dónde nuestro egoísmo y desconocimiento nos van a llevar a profundizar un holocausto de dolor, de apatía y de rencor? ¿Cuantas veces nos hemos cargado del odio de otros como si fueran los odios propios? ¿Cuantos colombianos no reclaman la guerra y el reguero de sangre desde sus casas, teniendo como intermediario su televisor y seguros en sus habitaciones? Mientras que los otros, los que la sufrieron, la vivieron en carne propia reclaman la paz y la convivencia.

Como humanidad primero, y luego como colombianos, debemos considerar la posibilidad de que es posible un buen vivir, cuando luchemos por despojarnos de tantos egoísmos y de tantas avaricias. Cuando nos demos en la tarea de conocer más de lo que acontece al mundo, para tomar pausa en nuestro agitado vivir. Cuando dejemos de estropear a otros por alcanzar nuestro ideales.

A veces es necesario hacer de fuerza corazón para encaminarnos hacia el cambio. Mirar hacia atrás para tratar de aprender las enseñanzas que nos deja ese pasado doloroso para dirigirnos hacia un futuro distinto. ¿Cómo será?, no lo sabemos, pero para eso son las enseñanzas del pasado y la búsqueda de las mejores decisiones de dar pasos seguros en el presente.

No es necesario prolongar el dolor, no es necesario prologar el odio y el desprecio. Es posible un mundo más vivible, siempre y cuando, comprendamos que el camino más apropiado para ese mundo es estar en paz, convivencia y serenidad. Despojarnos del peso de los miedos para enfrentarnos a cada paso que demos, a nuevas situaciones con nuestras mentes más abiertas, más sensibles y más humildes.

Como especie humana podemos participar y promover ese cambio. Que el odio no domine el corazón, que la avaricia quede postrada a la humildad de especie y que hagamos de nuestros cuerpos lugares habitados por un alma sensible a la vida, la naturaleza, a la convivencia con otros seres humanos.

Nuestra obligación como especie es continuar enfrentando inteligentemente la ignorancia de aquellos que se perpetúan en el racismo, las homofobias, las xenofobias y todo tipo de maldad y brutalidad que niega la existencia de los otros y la grandeza de la belleza del mundo.

Somos parte de una especie en la que cada uno de los seres humanos dependemos del agua, del aire, de la tierra, de los alimentos, de la belleza de este mundo que nos ha dado la posibilidad de la vida. Ni el dinero, ni el oro, ni nada de eso son tan importantes como los elementos de la vida para poder vivir y para poder ser.

Convivimos con otros seres también vivos que merecen no solo nuestro respeto sino la posibilidad de vivir y de ser lo que son.


viernes, 16 de septiembre de 2016

DE LA DIVERSIDAD AGRÍCOLA Y OTRAS RESISTENCIAS A LAS CORPORACIONES GLOBALES

De la diversidad agrícola y otras resistencias a las corporaciones globales

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Miembro del CIER

Las corporaciones globales han logrado imponer estilos de vida homogenizantes como por ejemplo sucede con el consumo de alimentos globales que tienen repercusiones directas en la nutrición de la población y la soberanía alimentaria de los pueblos. Todo ello promovido por medio de estrategias -como aquellas que en la década de los años setenta y ochenta del siglo XX difundieron la Revolución verde y más recientemente con los cultivos transgénicos (o segunda revolución verde)-, que generan importantes ganancias para los agentes corporativos.

Algunos productos agroindustriales fueron masificados con fuerza por las Multinacionales de la carne y el azúcar, e incluso expandieron cultivos para la producción de agrocombustibles,  integrados a una política de derechos de propiedad que conllevó a la pérdida de la soberanía campesina y el control-posesión-autoridad de las transnacionales sobre toda la cadena productiva de los alimentos, iniciando desde la posesión de las semillas.

Así, la alimentación de los seres humanos no sólo se vio afectada por los cambios climáticos globales sino también por el modelo económico que privilegió la producción corporativa-industrial de comida, la destrucción de la sociedad campesina y la tendencia creciente a la especialización económica de las áreas en donde se impone el extractivismo y la monoproducción. A ello se sumó un comercio global de alimentos industrializados, dinamizado por las ventajas que ofrece la publicidad para incitar al consumo.

Se está experimentando una estandarización de la dieta alimenticia que tiene como consecuencia el exterminio de la diversidad agrícola y alimentaria. Incluso una globalización de la dieta tiene efectos nocivos para la salud humana. El CIAT lo ha señalado: Más gente está consumiendo más calorías, proteínas y grasas en base a una lista cada vez más corta de los cultivos mayoritarios, como el trigo, el maíz y la soja, junto con la carne y los productos lácteos” (OEI, 2014). Esto implica grandes riesgos para la sustentabilidad en aquellas regiones donde su agricultura tradicional se ha transformado.

En Colombia por ejemplo, existen regiones superespecializadas en la extracción bien sea de petróleo, de oro, el monopolio de la caña de azúcar y la palma de cera: el valle geográfico del río Cauca y, más recientemente, en los Llanos Orientales, se han transformado áreas megadiversas en espacios especializados en caña de azúcar para agrocombustibles. Las ganancias de esta monoproducción quedan concentradas en los agentes del capital agroindustrial, pero los estragos ambientales como la contaminación de las aguas, del aire y la destrucción de los humedales, los ríos y las cuencas hidrográficas sí se distribuyen sobre la población. El Plan Frutícola promovido por el gobierno departamental del Valle no ha logrado despegar y los cultivos como el maíz, el plátano, el arroz, la soya, el sorgo, el frijol entre otros poco a poco han desaparecido del contexto espacial de la zona plana. Solo basta hacer unos cuantos cálculos con los datos que ofrece el Anuario Estadístico del Valle del Cauca para darse cuenta de ello. Es decir, de cómo la diversidad agrícola en la zona plana representa hoy tan solo el 35% frente a un 75% de la tierra cultivada en caña de azúcar.

Obsérvese cómo la explotación de la tierra en el valle geográfico del río Cauca la hacen unos agentes agroindustriales de monopolio cañero y no los campesinos: se tiene una extensa agricultura comercial sin campesinos.

Frente a esta tendencia homogenizadora, existen razones para la esperanza y un cambio de mentalidad por cuanto las comunidades vienen resistiendo de distintas maneras: trabajando por la soberanía de la producción propia de semillas y alimentos; otros por el derecho de comerciar sus productos y poder habitar sus territorios. En algunas zonas como el norte del Cauca, las comunidades continúan promoviendo los huertos caseros y comunitarios; poco a poco la agricultura urbana hace presencia en la ciudad; algunas personas resisten a partir de la “revolución de la cuchara” transitando hacia las prácticas vegetarianas y veganas; comunidades urbanas trabajan por el reverdecimiento de la selva de cemento; otros, como las comunidades indígenas, luchan por la liberación de la Madre Tierra. Poco a poco se forman más jóvenes en carreras ambientales y afines al trabajo comunitario, participando políticamente en organizaciones y movimientos políticos. La defensa y el amor por los animales se toman todos los espacios juvenes y las redes. Toda una comunidad exige al Estado más protección a la vida y la naturaleza.


viernes, 19 de agosto de 2016

EDWARD

EDWARD

Bajo esa luz emanada por la luna golosa, inmensa y brillante que rasgaba el infinito manto oscuro de la noche del 18 de agosto, su aliento de vida se despegó de su cuerpo para alzarse hacia los confines del infinito cósmico. Y su alma, seguramente impactada, desubicada e impaciente, se apartó de su cuerpo, desgarrando su maravilloso ser.

Una bala salida de un arma de fuego impulsada intencionalmente por la fuerza del dedo sobre el gatillo, atravesó su humanidad. Un hombre salido de cualquier parte, entre las penumbras malintencionadas y llenas de avaricia, no solo le arrebató su motocicleta sino que además le arrancó su existencia.

Hacía tan solo un mes atrás, en medios de libros e historias en el Centro de Documentación de Geografía de la Universidad del Valle, Edward me había confiado sus sueños, sus alegrías y sus motivaciones, como si sintiera la necesidad de que quedara en mi memoria las huellas de su vida. Habíamos quedado con el compromiso de hacer un buen trabajo académico para su grado. Y logramos adelantar algo del tema de investigación.

Ese día, después de risas, charlas, promesas y tareas, no se dio una despedida como las demás, pues fue una despedida que se impregnó con un fuerte abrazo, corrientazo de energía al estrechar nuestros cuerpos, extrañamente prolongado y muy fraternal. El momento se percibió con una profunda sensación de no querer despedirnos nunca. Lo sentí intensamente mi amigo... Una última mirada, una cálida sonrisa y unas manos diciendo adios...

Un joven maravilloso que salió de su tierra en busca de oportunidades, con esfuerzo llegó a la universidad y allí se marcó un rumbo de vida en la caótica, insegura y desfigurada ciudad. Ruta que terminó anoche bajo las sombras de la oscuridad callejera y con la luna y las estrellas como testigos.

Tengo en mi memoria el verlo atento en el salón de clase. También, sentado en su lugar de trabajo entre libros y estantes, siempre con esa sonrisa maravillosa y un sentido inmenso de cordialidad.

Una vida que se apaga, un recuerdo que se queda y un dolor que perdurará.