Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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martes, 27 de septiembre de 2016

UN AVANCE SIGNIFICATIVO EN COLOMBIA PARA EL MUNDO

Un avance significativo en Colombia para el mundo

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología, Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Desde que tengo más o menos conciencia de la vida, mis oídos han escuchado, mis ojos han visto y mi cuerpo ha sentido, directa e indirectamente, los estragos del conflicto armado que ha tenido como consecuencia, un reguero de vidas muertas, desaparecidas, excluidas, torturadas y desperdiciadas. Ecosistemas destrozados, campos arrasados, minados y bosques talados. Madres humildes que cargaron con el dolor de perder a sus hijos, esposos y familiares.

El dolor de cada colombiano, de cada ser humano que enfrentó la perversidad de la guerra, lo llevamos como carga en nuestros hombros pues somos parte del mismo sistema.

Hoy, con este avance significativo de las negociaciones de paz surge una nueva esperanza, motivos que llenan el corazón de un nuevo sentir sobre la bases de que es posible, en el límite de la existencia, volver a vivir; motivos para una sociedad en cambio, que se veía obstruida y desgarrada por el continuo dolor promovido, muchas veces, por la manipulación de unas elites poderosas que se lucraban del conflicto, que tenían el control sobre la vida de cada uno de nosotros y cuya rentabilidad de la guerra les hacía más poderosos y ricos cada día.

¿Cuántas veces despertamos odios y rencores por desconocimiento? ¿Cuántas veces emitimos prejuicios a poblaciones que habían sido victimizadas y re-victimizadas por el simple hecho de sentirnos más? ¿Hasta dónde nuestro egoísmo y desconocimiento nos van a llevar a profundizar un holocausto de dolor, de apatía y de rencor? ¿Cuantas veces nos hemos cargado del odio de otros como si fueran los odios propios? ¿Cuantos colombianos no reclaman la guerra y el reguero de sangre desde sus casas, teniendo como intermediario su televisor y seguros en sus habitaciones? Mientras que los otros, los que la sufrieron, la vivieron en carne propia reclaman la paz y la convivencia.

Como humanidad primero, y luego como colombianos, debemos considerar la posibilidad de que es posible un buen vivir, cuando luchemos por despojarnos de tantos egoísmos y de tantas avaricias. Cuando nos demos en la tarea de conocer más de lo que acontece al mundo, para tomar pausa en nuestro agitado vivir. Cuando dejemos de estropear a otros por alcanzar nuestro ideales.

A veces es necesario hacer de fuerza corazón para encaminarnos hacia el cambio. Mirar hacia atrás para tratar de aprender las enseñanzas que nos deja ese pasado doloroso para dirigirnos hacia un futuro distinto. ¿Cómo será?, no lo sabemos, pero para eso son las enseñanzas del pasado y la búsqueda de las mejores decisiones de dar pasos seguros en el presente.

No es necesario prolongar el dolor, no es necesario prologar el odio y el desprecio. Es posible un mundo más vivible, siempre y cuando, comprendamos que el camino más apropiado para ese mundo es estar en paz, convivencia y serenidad. Despojarnos del peso de los miedos para enfrentarnos a cada paso que demos, a nuevas situaciones con nuestras mentes más abiertas, más sensibles y más humildes.

Como especie humana podemos participar y promover ese cambio. Que el odio no domine el corazón, que la avaricia quede postrada a la humildad de especie y que hagamos de nuestros cuerpos lugares habitados por un alma sensible a la vida, la naturaleza, a la convivencia con otros seres humanos.

Nuestra obligación como especie es continuar enfrentando inteligentemente la ignorancia de aquellos que se perpetúan en el racismo, las homofobias, las xenofobias y todo tipo de maldad y brutalidad que niega la existencia de los otros y la grandeza de la belleza del mundo.

Somos parte de una especie en la que cada uno de los seres humanos dependemos del agua, del aire, de la tierra, de los alimentos, de la belleza de este mundo que nos ha dado la posibilidad de la vida. Ni el dinero, ni el oro, ni nada de eso son tan importantes como los elementos de la vida para poder vivir y para poder ser.

Convivimos con otros seres también vivos que merecen no solo nuestro respeto sino la posibilidad de vivir y de ser lo que son.


viernes, 16 de septiembre de 2016

DE LA DIVERSIDAD AGRÍCOLA Y OTRAS RESISTENCIAS A LAS CORPORACIONES GLOBALES

De la diversidad agrícola y otras resistencias a las corporaciones globales

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Miembro del CIER

Las corporaciones globales han logrado imponer estilos de vida homogenizantes como por ejemplo sucede con el consumo de alimentos globales que tienen repercusiones directas en la nutrición de la población y la soberanía alimentaria de los pueblos. Todo ello promovido por medio de estrategias -como aquellas que en la década de los años setenta y ochenta del siglo XX difundieron la Revolución verde y más recientemente con los cultivos transgénicos (o segunda revolución verde)-, que generan importantes ganancias para los agentes corporativos.

Algunos productos agroindustriales fueron masificados con fuerza por las Multinacionales de la carne y el azúcar, e incluso expandieron cultivos para la producción de agrocombustibles,  integrados a una política de derechos de propiedad que conllevó a la pérdida de la soberanía campesina y el control-posesión-autoridad de las transnacionales sobre toda la cadena productiva de los alimentos, iniciando desde la posesión de las semillas.

Así, la alimentación de los seres humanos no sólo se vio afectada por los cambios climáticos globales sino también por el modelo económico que privilegió la producción corporativa-industrial de comida, la destrucción de la sociedad campesina y la tendencia creciente a la especialización económica de las áreas en donde se impone el extractivismo y la monoproducción. A ello se sumó un comercio global de alimentos industrializados, dinamizado por las ventajas que ofrece la publicidad para incitar al consumo.

Se está experimentando una estandarización de la dieta alimenticia que tiene como consecuencia el exterminio de la diversidad agrícola y alimentaria. Incluso una globalización de la dieta tiene efectos nocivos para la salud humana. El CIAT lo ha señalado: Más gente está consumiendo más calorías, proteínas y grasas en base a una lista cada vez más corta de los cultivos mayoritarios, como el trigo, el maíz y la soja, junto con la carne y los productos lácteos” (OEI, 2014). Esto implica grandes riesgos para la sustentabilidad en aquellas regiones donde su agricultura tradicional se ha transformado.

En Colombia por ejemplo, existen regiones superespecializadas en la extracción bien sea de petróleo, de oro, el monopolio de la caña de azúcar y la palma de cera: el valle geográfico del río Cauca y, más recientemente, en los Llanos Orientales, se han transformado áreas megadiversas en espacios especializados en caña de azúcar para agrocombustibles. Las ganancias de esta monoproducción quedan concentradas en los agentes del capital agroindustrial, pero los estragos ambientales como la contaminación de las aguas, del aire y la destrucción de los humedales, los ríos y las cuencas hidrográficas sí se distribuyen sobre la población. El Plan Frutícola promovido por el gobierno departamental del Valle no ha logrado despegar y los cultivos como el maíz, el plátano, el arroz, la soya, el sorgo, el frijol entre otros poco a poco han desaparecido del contexto espacial de la zona plana. Solo basta hacer unos cuantos cálculos con los datos que ofrece el Anuario Estadístico del Valle del Cauca para darse cuenta de ello. Es decir, de cómo la diversidad agrícola en la zona plana representa hoy tan solo el 35% frente a un 75% de la tierra cultivada en caña de azúcar.

Obsérvese cómo la explotación de la tierra en el valle geográfico del río Cauca la hacen unos agentes agroindustriales de monopolio cañero y no los campesinos: se tiene una extensa agricultura comercial sin campesinos.

Frente a esta tendencia homogenizadora, existen razones para la esperanza y un cambio de mentalidad por cuanto las comunidades vienen resistiendo de distintas maneras: trabajando por la soberanía de la producción propia de semillas y alimentos; otros por el derecho de comerciar sus productos y poder habitar sus territorios. En algunas zonas como el norte del Cauca, las comunidades continúan promoviendo los huertos caseros y comunitarios; poco a poco la agricultura urbana hace presencia en la ciudad; algunas personas resisten a partir de la “revolución de la cuchara” transitando hacia las prácticas vegetarianas y veganas; comunidades urbanas trabajan por el reverdecimiento de la selva de cemento; otros, como las comunidades indígenas, luchan por la liberación de la Madre Tierra. Poco a poco se forman más jóvenes en carreras ambientales y afines al trabajo comunitario, participando políticamente en organizaciones y movimientos políticos. La defensa y el amor por los animales se toman todos los espacios juvenes y las redes. Toda una comunidad exige al Estado más protección a la vida y la naturaleza.


viernes, 19 de agosto de 2016

EDWARD

EDWARD

Bajo esa luz emanada por la luna golosa, inmensa y brillante que rasgaba el infinito manto oscuro de la noche del 18 de agosto, su aliento de vida se despegó de su cuerpo para alzarse hacia los confines del infinito cósmico. Y su alma, seguramente impactada, desubicada e impaciente, se apartó de su cuerpo, desgarrando su maravilloso ser.

Una bala salida de un arma de fuego impulsada intencionalmente por la fuerza del dedo sobre el gatillo, atravesó su humanidad. Un hombre salido de cualquier parte, entre las penumbras malintencionadas y llenas de avaricia, no solo le arrebató su motocicleta sino que además le arrancó su existencia.

Hacía tan solo un mes atrás, en medios de libros e historias en el Centro de Documentación de Geografía de la Universidad del Valle, Edward me había confiado sus sueños, sus alegrías y sus motivaciones, como si sintiera la necesidad de que quedara en mi memoria las huellas de su vida. Habíamos quedado con el compromiso de hacer un buen trabajo académico para su grado. Y logramos adelantar algo del tema de investigación.

Ese día, después de risas, charlas, promesas y tareas, no se dio una despedida como las demás, pues fue una despedida que se impregnó con un fuerte abrazo, corrientazo de energía al estrechar nuestros cuerpos, extrañamente prolongado y muy fraternal. El momento se percibió con una profunda sensación de no querer despedirnos nunca. Lo sentí intensamente mi amigo... Una última mirada, una cálida sonrisa y unas manos diciendo adios...

Un joven maravilloso que salió de su tierra en busca de oportunidades, con esfuerzo llegó a la universidad y allí se marcó un rumbo de vida en la caótica, insegura y desfigurada ciudad. Ruta que terminó anoche bajo las sombras de la oscuridad callejera y con la luna y las estrellas como testigos.

Tengo en mi memoria el verlo atento en el salón de clase. También, sentado en su lugar de trabajo entre libros y estantes, siempre con esa sonrisa maravillosa y un sentido inmenso de cordialidad.

Una vida que se apaga, un recuerdo que se queda y un dolor que perdurará.



viernes, 12 de agosto de 2016

UNA LUCHA IMPARABLE: RECONOCIMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL DEL LGBTI

UNA LUCHA IMPARABLE: RECONOCIMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL DEL LGBTI

Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle
Prof. Universidad Autónoma de Occidente


Se están presentando importantes transformaciones en la sociedad y una de ellas es, precisamente, el espacio que poco a poco la comunidad LGBTI ha ganado con una lucha que ha buscado más el reconocimiento político. Y esto se evidencia en los logros alcanzados en términos de legislación con respecto a la protección social, la adopción, el matrimonio y la herencia, en el mundo y en Colombia. 

No obstante estos logros alcanzados, la comunidad es aún foco del rechazo de parte de sectores políticos conservadores, radicales de la iglesia católica, grupos religiosos ortodoxos, sectas, neonazis, fanáticos y familias común y corriente poco educadas. Un rechazo que ha provocado, incluso, que algunos jóvenes ante la presión social decidan el camino del suicidio, como claramente se ha visto en varios casos aquí en Colombia y el triste episodio del joven Sergio Urrego. Esto indica que tanto el Estado, garante de derechos, como la sociedad civil, debe continuar el duro trabajo por el reconocimiento social.

Mientras esto sucede, lentamente, en las diferentes esferas políticas y sociales del mundo se están dando pasos importantes para reconocer la diversidad sexual y de género como un hecho significativo y de cambio social. Y en ello, el aporte de las ciencias sociales y los campos afines ha sido central al brindar los dispositivos necesarios para argumentar y neutralizar los ataques de posturas conservadoras que pretenden negar y silenciar la existencia de la diversidad humana.

La comunidad defensora de la diversidad sexual y de géneros sabe que este proceso no es fácil, pero que se debe continuar con los esfuerzos para alcanzar tanto el reconocimiento legal como también el reconocimiento social. Esta es una lucha imparable, sobre todo si se continúa abriendo el debate al escenario público.

Ya el prestigioso sociólogo Manuel Castells había señalado en su libro La Era de la Información que la comunidad que defiende la diversidad sexual y de género no puede recluirse y ocultarse. Que es necesario continuar la lucha inteligente, abierta, respetuosa y decidida de la revolución sexual que enfrenta el patriarcado y las posiciones retardatarias de sectores de la sociedad.

También Pierre Bourdieu decía que la comunidad gay debía mantenerse integrada a la dinámica social, nunca aislada: “Dado que por razones sociológicas, los homosexuales (al menos sus líderes) poseen un capital cultural considerable, podrían jugar un papel en el trabajo de subversión simbólica indispensable para el progreso social.” (Bourdieu, 1998) (2)

Continuar construyendo ese reconocimiento social, a la par con el reconocimiento de derechos, es la clave para enfrentar la exclusión, la discriminación y la injusticia social. Es la mejor estrategia para que las muertes de estos jóvenes y la memoria de quienes han dado su vida en esta tarea de tanto riesgo no quede en la impunidad. También es un aliento de respaldo para todos aquellos(as) que se van autoreconociendo en medio de las adversidades, los estigmas y los señalamientos. 

La comunidad LGBTI, como estrategia para lograr una aceptación social más respetuosa de parte de la sociedad debe continuar con su labor social, de lucha contra la pobreza y la marginación de sectores humanos; apoyar procesos comunitarios; intervenir socialmente de modo propositivo y positivo para el cambio social dirigido, así como el tratar de alcanzar mejores niveles de educación y acceso a estudios superiores. Todos estos espacios y escenarios de actuación y de formación son propicios para abrir las puertas del reconocimiento social. Ir más allá con la creatividad cultural como medio de integración a la sociedad.

La comunidad LGBTI tiene que seguir buscando alianzas y apoyos con los agentes del Estado, las universidades, los intelectuales y las organizaciones sociales. Así mismo con sindicatos, gremios, organizaciones sociales, ONGS, asociaciones, economías solidarias, grupos religiosos. Capitalizar las oportunidades política que brinda el poder acceder a un nuevo discurso que contenga la importancia de la dimensión social y del respeto por la vida. La comunidad como parte de la sociedad es parte también de una especie humana que está enfrentando el peor momento de crisis ambiental.Debe hacer parte de estas búsquedas creativas del respeto no solo por la vida sino también por la naturaleza. 

Cuando la sociedad vea estos aportes, cuando la sociedad vea que el LGBTI aporta a un mundo en equilibrio con la naturaleza, que respeta la vida, que ayuda a construir un futuro diferente, más justo, es cuando la sociedad misma defenderá el movimiento LGBTI, saldrá a su favor y será la sociedad misma la que enfrentará a los grupos más retardatarios, que por cierto, se quedarán sin argumentos de ataque.  

Por ejemplo, es importante comprender que una mayor integración de las personas con orientación homosexual en las relaciones sociales de la vida cotidiana como de amistad, de familia, comerciales y educativas, con otras personas y ampliando la red de grupos, puede fortalecer los sentimientos aceptación, reconocimiento y solidaridad. Al ampliar las redes sociales se amplían las posibilidades de su reconocimiento social.

Esta lucha es imparable. Las discusiones recientes en Colombia por los manuales educativos y por la incorporación en las agendas educativas de las cátedras de educación sexual lideradas por el Ministerio de Educación, continuarán; pero estas confrontaciones son parte del proceso de construcción de una sociedad que muestra esa dinámica de cambio social, que muestra los niveles de lucha y que sin duda representa oportunidades de seguir buscando soluciones creativas frente a ese estigma social. Debe recordarse que el hecho que motivó el que la Corte Constitucional de Colombia produjera una Sentencia sobre la incorporación del tema de la diversidad sexual y de género, así como de educación sexual en lo colegios, tuvo como origen las acciones discriminatorias que llevaron a que un colombiano decidiera el camino de la muerte antes que enfrentar la discriminación. Esto no puede volver a repetirse en una sociedad que se dice es democrática y respetuosa de la libertad y la justicia. Si existe una Sentencia, esta debe acatarse y punto.

Muy a pesar de aquellas personas y grupos que niegan, rechazan, discriminan, eliminan, denigran e irrespetan al LGBTI, ésta seguirá trabajando para alcanzar los logros, ampliando las redes de aceptación y el construyendo el reconocimiento social. 

Seguramente, esto será una motivación para que aquellos que usando el disfraz del odio, el rechazo, la discriminación, la homofobia, con el que esconden su verdadera orientación sexual, salgan de sus cárceles mentales, rompan con las cadenas que los atan y se abran felices y de lleno al mundo tal y como son.



sábado, 30 de julio de 2016

LAS LADERAS DE CALI: CONSTRUCCIÓN DE UN DESASTRE AMBIENTAL

Las laderas de Cali: construcción de un desastre ambiental

Por
Hernando Uribe Castro[1] y Luis Hernando Hidalgo[2]


Se trata de la ciudad de Santiago de Cali, capital del Departamento del Valle del Cauca en Colombia. Una ciudad cuyo crecimiento urbano se ha dado sobre las más distintas zonas de alta fragilidad ambiental, como zonas de inundación, antiguos cauces de ríos, rellenos de lagunas, fallas geológicas, entre otros lugares. Su expansión planificada actual hacia el sur, precisamente por la valorización que el Estado y las empresas inmobiliarias le han asignado a estas tierras, va incorporando áreas de antiguas zonas de amortiguamiento de bosques, cultivos y humedales.

En los últimos años, en esta ciudad, la discusión sobre el riesgo ambiental ha sido más álgida con respecto al caso del dique del río Cauca al oriente –un dique de protección que ha sido poblado por más de 30 años-, y poco se ha tratado el tema del proceso de poblamiento que se presenta sobre las zonas de laderas en el occidente. Muy seguramente por razones políticas y económicas más que socioambientales.

Un fenómeno de poblamiento que tiene origen desde principios del siglo XX con la construcción del Ferrocarril del Pacífico, cuando algunas comunidades  llegaron a la ciudad con el ánimo de mejorar sus condiciones de vida. Luego, las oleadas migratorias de población desplazadas por la violencia producto del conflicto armado y por los megaproyectos que se hicieron en nombre del desarrollo. Zonas que se convirtieron en única alternativa para acceder a un techo.

Sector Los Chorros, Cali.
Foto de Luis H. Hidalgo, 2016

Con el paso del tiempo, este crecimiento urbano ha logrado tomarse increíblemente las colinas, así como ha ido trepándose sobre las montañas, a tal punto, que hoy en día, logra asomarse en lo más alto de las faldas de los Farallones de Cali. Los diversos tonos de color verde de las colinas imperantes en tiempos anteriores, van diluyéndose entre las tonalidades de grises, cafés y de todo el multicolor producido por la dinámica de la ciudad. Las montañas que en tiempos anteriores se perdían bajo la oscuridad de la noche, hoy desde cualquier punto de la ciudad se perciben como universo cargado de estrellas que como constelaciones palpitan incesantes.

En el día, solo vasta llevar la mirada sobre el occidente de la ciudad, en donde el sol se pone cada tarde, para darse cuenta de este crecimiento urbano desmedido, pues la ciudad es como un gigante pulpo que va extendiendo, poco a poco, sus enormes tentáculos sobre las faldas de la cordillera Occidental.

Un proceso de urbanización que combina toda clase de población y de construcción. Hace presencia aquí los asentamientos legales e ilegales, barrios oficiales y barrios piratas, e incluso, edificios de apartamentos, conjuntos cerrados, urbanizaciones para familias de estratos socioeconómicos altos.

La ciudad ha enfrentado en los últimos años la “Ola de calor y sequía”, pero las agencias como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de ColombiaIDEAM- ya han empezado a considerar la posibilidad de la llegada de la “Ola de invierno”,una fuerte temporada de lluvias, que de darse en los niveles que se pronostican, puede producir afectaciones, deslizamientos y desprendimientos de las laderas como montañas que se escurren como lava hacia abajo, sobre todo porque su capa de protección vegetal ha sido afectada a lo largo del tiempo, y de modo especial, en esta temporada de sequía por la constante tala del bosque, deforestación e incendios.

Hasta el momento no se escucha nada de parte de las autoridades con respecto al planteamiento de planes y programas de mitigación de riesgo, o de preparación para los eventos a los que se expone la ciudadanía ante eventos posibles de catástrofe por sismos, derrumbes, lluvias incesantes, etc. Los pobladores de esta ciudad parecen estar desprotegidos y desinteresados del tema.

A medida que avanza la ciudad hacia las zonas altas de la ladera, se van produciendo un conjunto de problemáticas y conflictos ambientales. No solo por los procesos de deforestación sino de afectación de las cuencas hidrográficas existentes sobre este territorio, que son varias, y que se descuelgan buscando el río Cauca. Deforestar y afectar los ríos implica afectar también la fauna y la flora existente.

En casos como el río Pance, la urbanización no se detiene y avanza incesante hacia las zonas más altas y de protección, precisamente por el mercado de la tierra su valorización. Se está interviniendo esta cuenca en nombre del “desarrollo” y el “progreso”, así como en su momento se intervinieron otras como la del río Cali y Aguacatal, para hacer de ellas espacio de una geografía del turismo, espacios de vida para las clases medias altas por los beneficios ecosistémicos y paisajísticos que ofrece. En otras zonas como Siloé, los Chorros, Montebello, Terrón Colorado, entre otros, los beneficios de ocupar estar áreas están relacionadas con el atractivo ofrecimiento de servicios básicos a costos menores (agua, alcantarillado, energía, techo, entre otros,). 

De este modo, en las laderas de la ciudad de Cali, lo urbano se va adentrando hacia lo rural y lo rural empieza a configurarse con los rasgos urbanos. Construcciones, vías, viviendas, personas, extensión de redes de acueducto, alcantarillado, de energía, etc. Suelos, antes fértiles para la protección y conservación forestal, ahora cubiertos de cemento.

La gestión del recurso hídrico presenta graves problemas en tanto no solo se da una fragmentación de competencias de los entes administrativos y del Estado sino también que los distintos planes de desarrollo parecen ruedas sueltas de los Planes de Ordenamiento Territorial y estos, a su vez, de los Planes de Ordenación de las Cuencas Hidrográficas. Planes, planes y planes, que parecen estar escritos en papel mojado, sin coordinación, integración y eficiencia. Ruedas sueltas como sueltas las instituciones del Estado responsables del orden y control territorial.

Cada día, una nueva casa, una nueva urbanización, un nuevo barrio, una nueva obra y un bosque menos. Las colinas arrasadas por la urbanización, la extracción de materiales. Los ríos, fuentes vitales para la sustentabilidad del agua y de la alimentación, ahora urbanizados y privatizados. No existe una gestión integrada del territorio. Parece ser un evento incesante y sin posibilidad de control. Se va construyendo así, poco a poco, día a día, un desastre ambiental de magnitud impensable, ante la vista de todos, de la sociedad civil, de las autoridades y de los empresarios.

Se presencia entonces, todo un proceso de degradación ambiental urbana entendida como el resultado histórico de las constantes intervenciones y acciones humanas que someten el territorio a presiones y que van generando transformaciones y afectaciones a las condiciones propias de los ecosistemas, para dar paso a la configuración de estructuraciones urbanas.


Foto: Hernando Uribe Castro y Luis Hernando Hidalgo, 2016




[1] Magíster en Sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad del Valle. Profesor Departamento de Ciencias Ambientales, Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Estudiante de Ciencias Sociales, Universidad del Valle.

miércoles, 27 de julio de 2016

EL PROCESO DE OCUPACIÓN DEL JARILLÓN DEL RIO CAUCA COMO CONFLICTO SOCIOAMBIENTAL

EL  PROCESO DE OCUPACIÓN DEL JARILLÓN DEL RÍO CAUCA COMO CONFLICTO SOCIOAMBIENTAL

Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

El proceso de poblamiento del dique (jarillón) del río Cauca en la ciudad de Cali puede considerarse como un conflicto socioambiental que muestra el desarrollo histórico de crecimiento urbano descontrolado, de la segregación urbana, del racismo ambiental, de la debilidad del Estado y de la ineficacia de unas elites políticas y económicas de proyectar y garantizar una ciudad sustentable y resiliente.

La historia de este conflicto se tiene que buscar en el momento en que los agentes del capital agroindustrial y los del Estado-Nación colombiano empiezan, desde los primeros años del siglo XX, la intervención del ecosistema del valle geográfico del río Cauca a partir de un conjunto de obras como diques, canales y luego embalses para controlar las aguas del río Cauca con tres objetivos precisos: 1) el control de las inundaciones producidas por el río Cauca; 2) para integrar estas tierras a la siembra de cultivos de cultivos comerciales como la caña de azúcar; 2) y para el negocio de la producción de energía con la construcción del Embalse la Salvajina en la década del ochenta.

Esta intervención sobre este importante río produce lo que he denominado en su momento el territorio diseñado por el capital agroindustrial y el Estado-Nación moderno (Uribe, 2014)*. La canalización del río Cauca conllevó a que muchas tierras que antes estaban ocupadas por humedales, madreviejas y ciénagas fueran desecadas e incorporadas, bien para procesos agrícolas, o, bien para sacarle renta a partir del proceso de urbanización.

En la ciudad de Cali, la construcción del jarillón permitió que la ciudad creciera y se expandiera hacia el oriente en donde se instaló un número singnificativo de población migrante. Aparecen en estas áreas distintos tipos de barrios entre legales, semilegales, informales, piratas e “invasiones”. Todo esto que empieza a manifestarse desde los años sesenta se alarga hasta el presente. Mientras que las zonas orientales eran tragadas por estos procesos de urbanización, en las zonas de laderas se presentaba también el incremento de barrios que, en estas mismas condiciones de legalidad e ilegalidad, iban trepándose sobre las montañas.

Las primeras ocupaciones que se presentaron en el dique del río Cauca se dieron en la zona de Floralia hacia finales de la década del setenta y principios del ochenta y poco a poco el proceso se extendió sobre otros sectores de este largo cinturón de protección de inundaciones. Los datos más recientes dados por la Procuraduría General de la Nación, dan cuenta de que hoy en día existen alrededor de 8.777 viviendas (algo más de 50.000 habitantes).

Los programas de reubicación promovidas por el Plan Jarillón no dan abasto puesto que son elaborados con gran deficiencia y porque se hacen sin contar con la participación de estas comunidades. En los periodos de alcaldes anteriores la solución planteada fue el uso de la fuerza pública para despejar el dique, que al poco tiempo volvían a ser ocupados.

Alternativas como la reubicación tampoco han logrado resolver este conflicto, pues la proporción reubicada es mínima con respecto a la proporción total de familias existentes y asentadas sobre este cinturón de protección del río Cauca. Muchas familias provenientes de contextos campesinos -victimizadas primero por el conflicto armado que los desplazó y luego re-victimizadas por las autoridades y medios de comunicación como “invasores”, “indeseables” y otros adjetivos-, se oponen a un traslado en casas de 28m2.

La situación se agrava en tanto, una ruptura del dique en aquellos lugares muy sensibles a los impactos de una creciente del río Cauca, traería consecuencias muy negativas para toda la ciudadanía, con altos costos, seguramente mayores a los valores de si se hiciera unos procesos de traslado, relocalización y/o reubicación con trato humano, participativo y digno para las familias re-victimizadas, que requieren de verdad, la atención de parte de las políticas públicas del Estado. En jarillón, por supuesto, que también existen oportunistas así como, probablemente, políticos que se benefician de esta situación de alto riesgo a la hora de los votos populares.

Algunas comunidades, como en el caso de Los Samanes del Cauca, han propuesto soluciones a la espera de ser atendidas por las autoridades competentes.

Este es un claro ejemplo de conflicto socioambiental donde se está a la espera de una justicia social y ambiental que favorezca a las familias protegidas por los marcos legales constitucionales, así como a toda la ciudadanía y la ciudad. Lo que antes había sido invisibilizado hoy hace parte de las discusiones, debates y preocupaciones como asunto público.
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*URIBE CASTRO, Hernando. (2014). De ecosistema a socioecosistema diseñado como territorio del capital agroindustrial y del Estado-nación moderno en el valle geográfico del río Cauca, Colombia. En: Colombia, Revista Colombiana de Sociología. Ed.: Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá v. 37, fasc.2 pp.121-157.