Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


viernes, 16 de febrero de 2018

LA MISERIA DE COLOMBIA

La miseria de Colombia

Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

La miseria estructural de Colombia no está en aquellos grupos comunitarios que enfrentan las dificultades producidas y reproducidas por un sistema de Estado que los marginó y los condujo sin remedio a condiciones de altas carencias, empobrecimientos y segregaciones, y sobre los que recae toda la estigmatización de la sociedad. Pienso que estos grupos humanos en estas condiciones son resultado de un proceso estructural que abarcó el modo como una elite vitalicia -familias que heredaron y se lograron hacer al ejercicio del poder dentro de la dinámica del proceso de la construcción histórica del Estado y de todos los beneficios que implicó la concentración y acumulación de recursos de toda una nación-, se ha mantenido como dinastía entre bastidores de la vida política y económica.

En esta clase vitalicia y dinástica radica la verdadera miseria de Colombia. Aquella que logró incrustarse como parte de engranaje del movimiento histórico de la construcción del Estado y que ha ocupado todos los órdenes de su estructura y de sus instituciones. Elite que, como agentes privados con intereses en el ejercicio público, delegó y aun delega entre sus propios miembros (de sangre o de transmisión por afinidad o compromiso de familia) las riendas del manejo institucional del Estado en todos los niveles de operación.

Esta elite miseria de Colombia es la que profundizó la práctica de la corrupción como principal práctica en el ejercicio político. Y la profundizó, la convalidó y la convirtió como algo natural o inherente a la condición humana. Naturalizar la práctica de la corrupción era garantizar su existencia como clase dirigente, dinástica y cicatera, controlando y tratando de controlar y contener toda la estructura funcional del Estado.

Lograron hacer de la corrupción, un “algo” que necesariamente debía estar presente en la estructura social, estructura mental y cognitiva de los individuos. Como un hecho consustancial a todas las ramas y poderes oficiales. No es raro entonces la desatada lucha política por el control de todos estos espacios producidos por el Estado y para el Estado.  Confrontaciones por acceder a estos espacios de la institucionalidad del Estado en crecimiento.  Al crecer la burocracia y los espacios que conforman el lugar de las tomas de decisión, mucho de ello, fue quedando por fuera del circuito de control y de dominación de estos agentes dinásticos. El campo del Estado evidencia la competencia por el monopolio del poder coercitivo del Estado y de la burocracia entre esta clase dinástica y los nuevos agentes políticos que fueron surgiendo por fuera del centro del poder hereditario.

Luchas agrestes por acceder a esas posiciones estratégicas (ministerios, senado, asambleas, concejos, gobernaciones, alcaldías, corregidores, etc,) que son partecitas del espacio institucional total del Estado desde donde pueden absorber a mordiscos, por el hecho de que se encuentran en la red de la delegación y de las decisiones, beneficios económicos, simbólicos y políticos. En últimas, las prácticas corruptas de la miseria del Estado fueron aprendidas, reproducidas y mantenidas por los nuevos agentes políticos que aprendieron que la única forma para hacerse a los espacios de control y delegación del Estado era precisamente la corrupción de todo del aparato burocrático estatal.

Dinastías mezquinas, políticos y burocracias corruptas que hacen del Estado para la gente y el colectivo, un espejismo, una bruma.




lunes, 5 de febrero de 2018

COMUNICACIÓN AMBIENTAL

Comunicación ambiental

Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Las circunstancias de la sociedad moderna evidencian el rumbo que la humanidad ha tomado vía directa a la crisis civilizatoria. Una crisis motivada por una racionalidad que niega la diversidad de la vida como principio de existencia e impone y profundiza un antropocentrismo exacerbado, un capitalismo extractivo y un patriarcado como autoridad. Una sociedad moderna que -al privilegiar la instrumentalidad mercantilizada de la vida, la acumulación incesante del capital y la exagerada práctica del consumismo-, lleva a los límites la crisis de los ecosistemas, la transformación/destrucción de los biomas y la aceleración del calentamiento global como expresión del cambio climático producido por la acción humana.

En este contexto, la información y el conocimiento producido cae como torrentes y fluye como caudalosos ríos a través de los medios masivos de comunicación, las tecnologías y todos los dispositivos de comunicación y contacto con el mundo cada vez más individualizado pero masificado e interconectado. La velocidad con la que fluye y se difunde este torrente de información, y poco de conocimiento profundo, no logra y no permite que en las sociedades, los humanos alcancen a comprender las consecuencias de esta vida desbordada.

El vértigo que se experimenta al vivir en esta sociedad evita que se pueda producir una capacidad analítica de lo que acontece; evita la producción de una crítica y de la reflexión necesaria para hacerle frente a este modelo de sociedad y sobre todo impide que se puedan plantear unas posibilidades de cambio, de ese rumbo de desenfreno, ruta a la destrucción.

La comunicación como elemento constitutivo de la sociedad y socializador de conocimientos, fue transformada en artefacto instrumental, mediático y banalizado. Por el poder que se le confiere, quedó supeditada al ejercicio  dominio de los grupos que ejercen el poder hegemónico de la dominación social, física y simbólica, de las masas. Como estrategia corporativa que poco piensa en los problemas del planeta, de la sociedad, y más en sus necesidades de ganancia y beneficios.

De este modo, y como instrumento, el uso social de la comunicación se transformó en dispositivo que continúa beneficiando a unos en detrimento de otros. Con el dominio y su uso social, se continúan imponiendo formas hegemónicas y homogenizadoras de percibir, comprender y actuar en el mundo.  

Frente a este tipo de comunicación mercantilizada, instrumento corporativo por excelencia, se requiere contraponer otro tipo de comunicación de carácter crítica, emancipadora, liberadora del ejercicio del poder mediático y comprensiva de la delicada situación actual del planeta y de la civilidad. Una comunicación ambiental, que es también crítica, capaz de enfrentar la comunicación que trata de esconder, manipular, la verdad sobre la situación de los territorios, las comunidades y el planeta.

La comunicación ambiental es una de esas formas de la comunicación crítica, capaz de comprender la relación entre la sociedad y los ecosistemas. La sociedad como parte del planeta y de toda su dinámica natural. Una comunicación que -contrapuesta a la forma tradicional de aquella comunicación que sirve al ejercicio del poder de los amos del mundo-, pueda cumplir funciones de educación ambiental, de aportar en la construcción de un habitus ambiental y ambientalizado, ecologizado, de responsabilidad con la vida y su dignidad.

Una comunicación que con su capacidad transformadora e incidente en las formas de percibir, comprender y actuar de las personas, aporte a nuevos valores planetarios de la especie humana como una especie más en la trama de la vida de la Tierra. Planeta que tiene límites, que está en delicada situación por la acción irresponsable de lo que la humanidad ha hecho con él.

La comunicación ambiental estaría por encima de la comunicación que privilegia los contenidos mediáticos del tratamiento de asuntos ambientales al modo como se hace con la moda, el deporte, la farándula. La comunicación ambiental que se propone estaría enfocada en participar de procesos de educación ambiental, de construcción de un conocimiento científico a favor de la recuperación ecológica del planeta, de la investigación, de su participación en la construcción de un nuevo ciudadano capaz de reconocer su presencia en un planeta limitado y que requiere de protección, de cuidado y de amor. Una comunicación ambiental capaz de comprender y abordar los conflictos ambientales y de poner en evidencia los agentes que producen los problemas en el territorio, que reproducen la injusticia social y ambiental. 


Una comunicación cuya responsabilidad social y planetaria esté encaminada a participar en la construcción de un ciudadano comprometido con la vida y con el respeto por toda la diversidad. Una comunicación cuya función social estaría en cambiar el mundo del proceso de destrucción de la humanidad y de sus entornos de vida. 

miércoles, 10 de enero de 2018

DIVERSIDAD EN LA PRODUCCIÓN DEL CAMPO AMBIENTAL

Diversidad en la producción del campo ambiental

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

En el campo ambiental confluyen distintos tipos de agentes que producen información y conocimiento según su contexto institucional, sus intereses, sus marcos de acción y sus objetivos. Por ejemplo, en el campo ambiental participan científicos, académicos, intelectuales, educadores, comunidades, pero también políticos, agentes de Estado, agentes privados y corporativos. Todos tienen algo que decir y hacer con respecto al ambiente y a los bienes de la naturaleza.

Distintos tipos de campos se relacionan con el campo ambiental (el político, el jurídico, el artístico, el educativo, el del poder, el Estado, el religioso, el intelectual, el científico, entre otros), distintas disciplinas y orientaciones filosóficas producen una riqueza académica e intelectual. Este hecho es importante para entender por qué la información y el conocimiento que se construye con respecto al ambiente y a los bienes de la naturaleza son de carácter diverso. Esto conlleva a que la producción de documentos y contenidos como libros de texto, artículos de revistas, textos de reflexión, libros especializados, ensayos, informes de investigación, reseñas, reportes de prensa, documentales, caricaturas, columnas de opinión, informes oficiales, acuerdos, políticas, normas, sean de gran variedad.

Esta riqueza productiva incide en que los lectores, los investigadores o las personas  interesadas o afines a los temas ambientales, encuentren en el amplio escenario social distintas formas de materialización, difusión y socialización del conocimiento y de la información. Los modos distintos como se leen, se entienden y se comprenden estos textos exigen de los lectores ciertas destrezas para poder identificar y catalogar, no solo el tiempo de documento al que se enfrenta, sino también para entender sus estructuras, su cuerpo y los elementos que le componen y caracterizan.

Por ejemplo, los cientistas ambientales redactan sus textos de manera muy distinta a los informes elaborados por las agencias y las entidades oficiales nacionales o internacionales. Igualmente, no es lo mismo el modo como se lee una reflexión corta sobre el medio ambiente que un hecho noticioso como el que producen los centros de información periodística, o como lo hacen las agencias internacionales a través de los boletines informativos. Los artículos en revistas producidas por los académicos, intelectuales y científicos, tienen otras estructuras, otras formas, otros mercados lingüísticos con los cuales hacen la producción y la difusión de sus hallazgos y de los conocimientos.

Otro elemento que muestra esta diversidad de producción en el campo de las ciencias ambientales está en el hecho de que muchos informes y/o comunicados provienen de los agentes comunitarios. No es el mismo tipo de producción que hacen los agentes comunitarios a la producción que realizan los investigadores y científicos: los conceptos, los términos y las maneras de hacer las explicaciones son distintos, pues los investigadores tienen un mayor control sobre el método científico y del arte aprendido de la exigente redacción científica para la presentación de resultados. Las comunidades escriben como se les enseñó en el sistema educativo tradicional y como experimentan los fenómenos en sus vidas cotidianas. En algunos casos, los agentes comunitarios pueden acceder y apropiarse del modo como se redactan los informes y de algunos conceptos producidos por el campo científico o jurídico para argumentar sus denuncias o para realizar sus demandas.


Lo anterior evidencia la riqueza productiva a la que se ven expuestos quienes tienen interés en comprender, conocer o trabajar en los conflictos y los temas ambientales.  Esto  exige del lector, el poder y la capacidad de distinguir siempre, y en primera medida, a qué tipo de documento se enfrenta, cuál es el contexto de su producción, quién firma el documento, quién es el autor, cuál es el origen del documento y la fecha en la que se hace la escritura.  Estas pistas siempre serán importantes para todo agente interesado en los temas abordados por el campo ambiental, y en especial por las ciencias ambientales, para la validación y la confiabilidad de la información y el conocimiento al que accede.

jueves, 30 de noviembre de 2017

DE LA PUBLICIDAD AMBIENTAL ENGAÑOSA Y EL AMBIENTALISMO SUPERFICIAL

De la publicidad ambiental engañosa al ambientalismo superficial

Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

En tiempos recientes, los medios masivos de comunicación en Colombia han permitido el ingreso de algún tipo de publicidad con mensajes ambientalistas y ecologistas que llegan a millones de hogares colombianos. Publicidad “verde” de firmas corporativas y de empresas que «ocultan mostrando» (como lo expresaría Bourdieu), los nocivos impactos ambientales de sus productos. O que dicen ser totalmente ambientales cuando en verdad, no lo son.

Toda una publicidad ambiental superficial y engañosa (greenwashing) que hace uso del discurso verde, y que convierte a las corporaciones y a las empresas como sectores amigables, responsables y cuidadoras de los bienes de la naturaleza. Por ejemplo, el 9 de abril de 2016, salió un reporte en el periódico La República en el que se señalaba que “Algunas de las disposiciones que contempla Colombia, para proteger a los consumidores contra la publicidad ambiental engañosa, se encuentran en el Régimen de Protección al Consumidor y el Decreto 1369 de 2014, que reglamentó el uso de la publicidad alusiva a cualidades, características o atributos ambientales de los productos”[1] En noviembre de 2017, Portafolio, presentó los resultados de una encuesta realizada por YanHass sobre el comportamiento del consumidor frente a la publicidad engañosa, sobre todo cuando esta es descubierta o puesta en evidencia. Se dice que: “el 58% de los clientes ha dejado de adquirir algún producto por algo que dijo la compañía que lo vende. El 12% lo hizo por la mala calidad”[2]

Lo más complejo del asunto es que no solo existe la publicidad ambiental engañosa, sino que además existe una práctica publicitaria corporativa mucho más sutil, más profunda, que es manejada cuidadosamente por los publicistas y que es, por demás, más difícil de captar en la falacia de sus argumentos.  Se trata de aquellas corporaciones que, al pertenecer al campo del gremio extractivo minero y agrícola,  dicen estar basados en las prácticas de sostenibilidad y hacen uso de  argumentos disfrazados de lenguaje científico para hacerse notar como organizaciones responsables ambientalmente. 

Para reconocer este falso ambientalismo que se transmite con el poderoso encanto de la publicidad, el ciudadano requiere de unos dispositivos analíticos, de información y de conocimiento, muy poderosos para develar la verdad y sobre todo para esclarecer los sutiles mecanismos del poder simbólico. Como lo expresa Bourdieu, el poder simbólico “es en efecto este poder invisible que sólo puede ejercerse con la complicidad de quienes no quieren saber que lo sufren o que incluso lo ejercen”[3]

Este falso ambientalismo llega como discurso “verde” a una ciudadanía desprovista de estos dispositivos de pensamientos críticos y necesarios para determinar toda la carga de su falsedad: por ejemplo, empresas extractivas mineras que dicen realizar minería ambiental; gremios del monopolio agrícola que dicen ser sostenibles e impulsores del medio ambiente; Corporaciones deforestadoras que dicen proteger los bosques y la biodiversidad; empresas que ofrecen autos con motores ecológicos. Verdaderas falsedades que se imponen como verdades absolutas en las ingenuas mentes de los ciudadanos catalogados por estos poderes como clientes, quienes además cargan con el peso del analfabetismo ecológico y ambiental. Pero aún más, publicidad que no ha sido sancionada por ningún ente de control.

Como estrategia adicional para validar su actuar, las empresas y las corporaciones seleccionan algunos indicadores – y dejan de lado otros que pueden evidenciar los efectos nocivos de sus acciones-, para hacer uso de aquellos que más les beneficia en sus argumentos y que se ajustan a sus intereses para construir la imagen corporativa cargada de sostenibilidad. Hacen uso del concepto de sostenibilidad, concepto más representativo del pensamiento ambientalista superficial, para hacerse notar como preocupados por la naturaleza.

Este ambientalismo superficial corporativo, esta publicidad verde engañosa que utiliza argumentos ambientales para ocultar sus daños verdaderamente ambientales, requieren ser confrontados con conocimiento científico, con acción colectiva y con decisiones jurídicas. Se enfrenta con conocimiento, educación y formación ambiental. Con sensibilidad, conciencia y emocionalidad ambiental. Con fraternidad, empatía y reconocimiento de ser participe y parte de una especie humana que integra la compleja trama de la vida planetaria.

Una ciudadanía educada ambiental y ecológicamente -así como histórica y espacialmente, pero también crítica y sistémicamente-, es una ciudadanía que aporta en la construcción de una sociedad civil vigorosa y que exige a quienes ejercen el poder de la dominación económica y publicitaria, ser responsables sus acciones y honestos con la información que ponen en manos y en los sentidos de todos los públicos y de las autoridades. Estas son algunas expresiones de las luchas que se viven en el campo ambiental.




[1] La República. (2016). Publicidad ambiental engañosa. 9 de abril de 2016.
[2] Portafolio. (2017). La publicidad engañosa es lo que más aleja a los compradores. 6 de noviembre de 2017.
[3] Bourdieu, P., Inda, A. G., & Beneitez, M. J. B. (2001). Poder, derecho y clases sociales (Vol. 2). Bilbao: Desclée de Brouwer

miércoles, 15 de noviembre de 2017

PÁRAMO DE SANTURBÁN: UN CONFLICTO HISTÓRICO

Páramo de Santurbán: un conflicto histórico.

Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
Magíster en Sociología

El Páramo de Santurbán es un ecosistema de alta montaña en el nororiente de Colombia. Éste lugar ha sido foco de atención y debate en los últimos años, sobre todo, por los problemas que se presentaron con respecto a su delimitación, los títulos mineros otorgados por el gobierno nacional y las autoridades ambientales en la zona a lo largo de los años y la insistencia de empresas globales mineras en la extracción del oro y de los bienes existentes en él.

Desde 1995, se configuró con mayor claridad el conflicto ambiental en este páramo. Entidades ambientales, ambientalistas, comunidades que habitan la zona y la Unidad de Parques Nacionales del recién creado Ministerio del Medio Ambiente, habían iniciado un proceso de lucha para lograr conservar las 12.000 hectáreas que conformaban el Parque Natural Regional Sisavita, en Santander del Norte como estrategia para preservar el ecosistema que se encontraba en alto riesgo por la presencia de las empresas mieneras [1]. A esta estrategia se sumó la acción del municipio de Cucutilla que declaró a Sisavita como "Area de Especial Significancia Ambiental"; figura ésta, con la que se pretendía restringir el uso de las tierras del Páramo a la protección y a la actividad científica [2].

No obstante, y a pesar de los logros alcanzados, la gran minería buscaba el modo de acceder a las autorizaciones de parte de las agencias del Estado para llevar a cabo la explotación de oro. Es así como durante el siglo XXI, y precisamente, en el periodo del gobierno de Uribe Vélez, Ingeominas había otorgado títulos mineros en 5.905 de sus 12.000 hectáreas con el fin de explorar y explotar oro y plata[3].

En 2004, por ejemplo, se decía que la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental - Corponor-, veía como alto riesgo para el Páramo la presencia de la multinacional Greystar Resources Ltd: 

sostuvo en el foro que la recuperación del páramo de Santurbán no será fácil, por la presencia de macroproyectos industriales en la zona (…) Sergio Niño, del área de Planeación de esa corporación autónoma, anotó que la explotación aurífera de la firma canadiense Grey Star, en California (Santander), es una amenaza ecológica porque implica un nivel muy alto de remoción de tierras a cielo abierto. Según él, esto podría tener un impacto muy negativo sobre las cuencas hidrográficas. Desde el año pasado (es decir 2003), la empresa norteamericana realiza trabajos para extraer entre 200 mil y 300 mil onzas de oro anuales[4].

Al cierre de la primera década del siglo XXI, en 2010, la Compañía del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB) había señalado que sus estudios sobre los recursos hídricos del páramo demostraban que la explotación de oro pondría en riesgo las fuentes de agua que surten a más de un millón de habitantes de la capital santandereana, de Floridablanca y de Girón.[5]

Siete años después, en noviembre de 2017, el gobierno nacional informó que Emiratos Árabes invertiría $1.000 millones de dólares para extraer oro desde el próximo año en el Páramo de Santurbán. Según El Tiempo la multinacional Minesa, empresa de propiedad cien por ciento de Mubadala, un fondo de inversión y desarrollo del gobierno de Abu Dhabi, tiene la intención de explotar oro en zonas vecinas del páramo[6]Unas semanas antes al anuncio de la Multinacional Minesa con respecto al realizar la multimillonaria inversión, en el mes de octubre de este año, los medios colombianos habían informado que la Corte Constitucional había fallado una acción de tutela con la que tumbó la delimitación que el Ministerio de Medio Ambiente había realizado del Páramo en 2014. La Corte Constitucional también otorgó hasta finales del 2018 para que se realizara una nueva demarcación del límite con participación de las comunidades.

Las redes de corrupción, clientelismo y politiquería deben estar felices con el anuncio de la inversión de parte de Emiratos Árabes. Muy seguramente están presionando para que se apruebe rápidamente la licencia ambiental por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales –ANLA-, para llevar a cabo esta actividad que es desastrosa ecológica y ambientalmente para el Páramo y para las comunidades cuyas aguas dependen de él. En el Páramo nace una red de cuencas hidrográficas entre las que se encuentra: los ríos Lebrija, de Santander; Pamplonita y Zulia, de Norte de Santander, y varios de los afluentes que nutren el río Arauca.

Como se puede observar, después de treinta años de lucha, el conflicto por la defensa del Páramo de Santurbán continúa. Las comunidades mantienen firme la defensa del ecosistema y de los bienes de la naturaleza que en él existen. Los distintos gobiernos a lo largo de estos treinta años, al parecer, han favorecido más los intereses de las multinacionales mineras que a las exigencias de las comunidades en su defensa de los bienes de la naturaleza.





[1] El Tiempo. (2008). “Santurbán, amenazado: ¿minería en los páramos?. 18 de agosto de 2008.
[2] Ibidem.
[3] Ibidem.
[4] El Tiempo. (2004). “Santurbán, reserva en Peligro”. 30 de julio de 2004. La cursiva es mía.
[5] El Tiempo. (2010). “Debate en Santander por proyecto minero”. 14 de mayo de 2010.
[6] El Tiempo. (2017). “Ambientalistas rechazan anuncios de inversión árabe en minería”. 13 de noviembre de 2017

martes, 24 de octubre de 2017

INTERDISCIPLINARIEDAD

"Interdisciplinariedad: un desafío para trasformar la universidad del siglo XXI
"Interdisciplinariedad: un desafío para transformar la universidad del siglo XXI" es un libro publicado por el Programa Editorial de la Universidad Autónoma de Occidente. El desarrollo del campo científico se puede considerar como un escenario siempre en construcción. A lo largo de este proceso constructivo, la ciencia ha presenciado dos procesos que a veces se perciben como distantes e irreconciliables y a veces como complementarios: por un lado, una tendencia a la profunda especialización disciplinaria, y por otro lado, una tendencia a la interdisciplinariedad. Los debates y las discusiones en torno a este doble proceso aun forman parte de la vida académica e intelectual. No existe campo alguno en el que no se hable de ello. Son discusiones que están en el orden del día. Esta característica del campo científico enriquece no solo la reflexión por la dinámica de la ciencia misma, sino también por el papel que ésta cumple en la sociedad. Sobre todo en aquellos espacios académicos y de formación, como las Universidades, en donde residen comunidades académicas que la animan y le dan vida. Este es un libro en el que participan Enrique Leff, Carlos Vasco, Carlos Augusto Hernández, Yves Lenoir y Hernando Uribe Castro.

viernes, 6 de octubre de 2017

AGENTES Y AGENCIAS "AMBIENTALISTAS" VERDADERAMENTE FALSAS

Agentes y agencias “ambientalistas” verdaderamente falsas!

Por
Hernando Uribe Castro
PhD. en Ciencias Ambientales
Magister en Sociología



Vivimos un momento de gran turbulencia ecológica y ambiental producida por una racionalidad humana, que reduce a valores de capital todo cuanto se pueda reducir. Una característica de este momento es la indolencia que produce en muchos corazones, cerebros y cuerpos la extinción, el dolor, el sufrimiento de otras especies, de otras vidas y la de muchos otros seres humanos.

Se perciben las plantas y los animales, incluso muchas almas humanas, como objetos, como artículos, como productos, muchas veces, como objetos de decoración. No se comprende, no se entiende y no se quiere ver que cada vida, por más grande o diminuta  que sea, es posible porque existe una compleja trama de inter– retro–conexiones físicas, biológicas, es decir, planetarias y cósmicas que lo permiten. Detrás de cada vida existe una compleja interacción que a veces escapa a los ciegos ojos humanos. La vida de una planta o de un animal vale por sí misma. Esa vida es en sí misma.

Los humanos tenemos gran dificultad para despojarnos de esa idea ingenua, parcial y egoísta según la cual, solo viven aquellas cosas que nos son productivas, que nos son útiles y que nos benefician. Los humanos cargamos con una suprema arrogancia de especie que ha producido el desastre de planeta en que nos hemos convertido. Ello conlleva a pensar que hace falta una reconexión con la vida, una visión del mundo distinta y en toda su complejidad y toda su trama. Una reconexión que permita experimentar no solo las múltiples dimensiones de la existencia sino también lo pequeños y diminutos que somos con respecto al tamaño de la incertidumbre cósmica.

De dientes para afuera, nuestras palabras parlotean sobre la crisis ambiental y la necesidad de encontrar soluciones, si es que la conciencia acepta verdad; pero de dientes para adentro, las intenciones, comprensiones, intereses y modos de entender la existencia producen comportamientos que expresan la total desconexión con la vida. Se podrían citar miles de ejemplos sobre este hecho, pero deseo referir uno que acontece en estos días en Cali. En diciembre se celebra solamente durante 4 días la Feria de Cali, evento que poco a poco se ha ido privatizando. Para este evento se construyen unas tarimas para que la gente pueda ver los desfiles. Para este 2017, el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente y la alcaldía de Cali habían comunicado que podarían, trasladarían y erradicarían 43 árboles para construir la tarima. Una tarima que es provisional porque solo se construye en la fecha decembrina. Se echó más leña al fuego cuando a través de redes sociales se difundió un fragmento de una entrevista a una funcionaria que expresó: “Estamos en la ciudad, no en el campo, y como la ciudad se combinan otros tipos de derechos, entre esos cultura, entonces se justifica la tala; los ciudadanos no debemos generar polémica y debemos pensar en arborización donde nacen las cuencas y no en la ciudad" Comentarios que por cierto es desacertado, lamentable e inapropiado.

De inmediato tuvo que intervenir la Personería Municipal de Cali y los habitantes sensibles a la protección ambiental para denunciar estos hechos. Según el periódico El País “La Personería Municipal informó este viernes que las justificaciones del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, Dagma, para intervenir 43 árboles sobre el separador de la Autopista Sur Oriental, no son válidas y recomiendan no otorgar permisos a Corfecali”[1]

Sorprende que entidades, que dicen estar enfrentado las consecuencias del cambio climático, que favorecen la protección de los bienes de la naturaleza, de su cuidado, incluso de su conservación, terminen reproduciendo acciones contrarias a todo ello que burdamente afectan en gran cantidad y dimensión. Acciones que se llevan a cabo con mensajes y “verdades” verdaderamente falsas. Con embustes y falacias. Utilizan y hacen uso de los conceptos ambientales como estrategia y argucia para hacer creer que están en la línea de la responsabilidad ambiental. Esta trampa es más peligrosa aún porque las acciones que llevan a cabo las realizan y las imponen mediante dispositivos y argucias que timan, engañan y mienten a la toda la comunidad.

Estos agentes -que dicen hablar y actuar en nombre de las instituciones más ambientalizadas del Estado y que además proclaman que velan por el cuidado de plantas y animales-, reproducen el falso ambientalismo: talan árboles con toda su diversidad de vida en ellos para construir tarimas, canalizan ríos para favorecer el negocio de la creciente segregación urbana, proponen urbanizaciones en antiguos basureros, autorizan la construcción de infraestructuras en zonas de humedal, permiten el despojo a las comunidades de su tierra para plantar los lucrativos monocultivos que amplían las arcas de la acumulación de capital privado. Todo ello se hace en nombre del "progreso" y del "desarrollo" que son más importantes, dicen ellos, que unos cuantos árboles talados, unas cuantas bosques extintos, unos cuantos humedales desecos, unos cuantos ríos transformados y contaminados. Ojo, cuando se tala un árbol no es solo la vida del árbol la que desaparece sino toda la trama de vida con la que está conectado ese árbol. Cuando se deseca un humedal se afecta todo el sistema de vida que habita en él y los otros ecosistemas que dependen de él.

Agentes que siendo cuotas políticas de intereses burocráticos de otros agentes de Estado, seguramente de más rango poder, van en contra de las evidencias de una humanidad al borde de la inexistencia planetaria. Mientras que con una mano sostienen el parlante con el que le vociferan al pueblo lo sostenible que son sus acciones “ambientales” llevadas a cabo, con la otra mano y sierra entre dedos, manipulando maquinaria y haciendo cuentas con el capital, arrasan y depredan con las formas de vida, los colores, los olores y los bienes de la naturaleza.




[1] El País. “Personería recomienda no intervenir árboles de la Autopista”. Octubre 5 de 2017.