Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


lunes, 29 de septiembre de 2014

martes, 9 de septiembre de 2014

DANZANDO ENTRE LA RACIONALIDAD AMBIENTAL Y EL DIÁLOGO DE SABERES

Danzando entre la racionalidad ambiental y el diálogo de saberes:
a propósito de la visita de Enrique Leff a Colombia[1]

Por: Hernando Uribe Castro[2]


Enrique Leff y Hernando Uribe Castro

 “La verdad no brota de nuestras opiniones, sino de otro lugar,
tal vez del libre movimiento del pensamiento tácito”

Bohm, 1996:66

Saludos

Señor Rector Luis H. Pérez; Señores del Consejo Superior y Académico; Doctores Vicerrectores Álvaro del Campo Parra y Diego Smith; Doctora Magdalena Urhan, Dirección de Investigaciones y Desarrollo Tecnológico; Profesora Sonia Cadena, Centro de Desarrollo Académico; Señores Decanos y Jefes de Departamento; Profesoras, profesores y estudiantes; Invitados e invitadas de otras universidades y de la comunidad en general.

Es para mí un honor y un privilegio presentar a ustedes, en este auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente, al profesor Enrique Leff. Destacado investigador, intelectual y representante de nuestro pensamiento ambiental latinoamericano en el escenario mundial. Uno, que nos ha puesto a pensar en la necesidad de incorporarnos en otro modo de ver el sentido del sistema viviente como totalidad y ha aportado, a la descolonización del pensamiento.

El que me hayan asignado esta tarea tan delicada, importante y honrosa, me puso, de hora y momento (al modo de Maturana y Bloch, 1996), en un fluir de mi emocionar, como una danza que va de una emoción a otra emoción; una danza de emociones que por supuesto no se ha detenido y que ustedes ahora ven expresada con toda claridad en mi rostro.

Ideas expuestas por el profesor Leff que, en movimientos rítmicos, se deslizan sobre el amplio y elegante salón donde reposan nuestros pensamientos.  Emociones que nos producen la libertad de considerar la profunda interconexión que tenemos como especie con la naturaleza. Pero somos una especie muy extraña. Algo así como un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.

Pero somos una especie muy extraña. Algo así como si fuéramos un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.


1.   Leff: Críticas a la sociedad moderna y a la ciencia.

El texto del profesor Enrique Leff, al que haré rápidamente referencia se corresponde a la ponencia presentada por este autor en el I congreso Internacional Interdisciplinar de Participación, animación e intervención socioeducativa en la ciudad de Barcelona, España, en 2005.

La reflexión del profesor Leff se centra en la crítica que desde el saber y la epistemología ambiental (entendida como un trayecto para comprender qué es el ambiente), hace con respecto al campo de la ciencia moderna que fue uno de los instrumentos de los agentes del capitalismo para su reproducción como sistema hegemónico global que logró fragmentar la realidad en disciplinas.

Un mundo que, como lo expresa Morín, si se mira con un ojo se verá el progreso y el desarrollo, pero que si se hace con el otro, se verá el horror y la guerra. Por tanto, “la crisis no es lo contrario del desarrollo, sino su forma misma.” (2011:30)

A lo largo de los últimos siglos, se constituyó un modelo de sociedad donde primó una racionalidad económica que instauró una forma particular de conocimiento que produjo la división entre la sociedad y la naturaleza.  El conocimiento fue gobernado por las leyes del mercado que valoró al ser humano y la naturaleza como recursos explotables, como objetos y cosas transables.

Unas leyes del marcado dictadas desde un grupo de poder que acumuló riqueza, produjo desigualdad, inequidad e injusticia, y que ha usado el conocimiento científico como legitimador de su existencia. Esta sociedad consumidora, despilfarradora, inestable y con grandes incertidumbres, ha producido una crisis civilizatoria y ha logrado imponer sobre los seres humanos la idea de que la única verdad y el único camino es el capitalismo.

Los agentes del capitalismo fracturaron entonces la posibilidad de un mundo diferente. El desarrollo se convirtió en un mito tecno-burocrático “Un delirio abstracto como racionalidad.”

Frente a ese mundo construido en la sociedad occidental, Leff propone como idea central lo siguiente: el saber ambiental emerge como una forma de conocimiento que confronta la ciencia (positivista dominante), que interroga los elementos causantes de la crisis civilizadora y que conduce a la construcción de una racionalidad alternativa en la comprensión del mundo, capaz de reformular una nueva epistemología, así como de promover acciones para el cambio de mentalidad desde un diálogo de saberes. La acción, el emocionar y la reflexión epistémica se integran como un todo coherente para derrumbar los mitos del éxito civilizatorio.

Para Leff, “la crisis ambiental lleva a cuestionar el pensamiento y el entendimiento del mundo, la ontología, la epistemología y la ética con las que la civilización occidental ha aprehendido al ser, los entes y las cosas” (2006, p. 4)

Leff caracteriza los elementos constitutivos de ese saber ambiental. Desde mi perspectiva estos elementos son: una crítica al conocimiento científico positivista, el saber ambiental, el diálogo de saberes y la racionalidad ambiental.

Como respuesta a esa crisis civilizatoria, emergen entonces, pensamientos alternativos como el saber ambiental que se constituye como un marco epistemológico que construye una racionalidad alternativa a partir de la cual, se pretende recuperar el sentido de la relación sociedad y naturaleza donde no prima la racionalidad del reduccionismo económico.

De este modo, el saber ambiental se encarga de develar las implicaciones nocivas de un modelo económico liderado por grupos de poder y de dominación global, que basados en la epistemología racionalista y empirista, han sabido sacar provecho de la naturaleza para su beneficio. Por ello, desde el saber ambiental se convocan a las diferentes visiones y comprensiones de los fenómenos ambientales desde una perspectiva interdisciplinaria.

Leff considera que el saber ambiental “ha puesto en comunicación al estructuralismo con el postestructuralismo; a la modernidad con la posmodernidad; al método científico y la racionalidad económica con los saberes populares; a la ética con el conocimiento” (2006:15). Para Leff, el saber ambiental “nace en el campo de la externalidad de las ciencias, y se cuela por los intersticios de los paradigmas del conocimiento. (2006:16)

Como claramente lo expresa Leff, el saber ambiental reafirma el ser, respeta las identidades en los territorios, y en ello la diversidad cultural y todo su conocimiento. “cuando se ha ido más allá de aquello que producía miedo, la inteligencia puede ponerse a trabajar” (Bohm, 1996:64)

En este marco epistemológico aparece el diálogo de saberes como un mecanismo que permite comprender la complejidad ambiental en donde convergen distintas epistemologías, representaciones y entendimientos para dar posibilidad a nuevas miradas del conocimiento, así como renovadas comprensiones y cosmovisiones. “Escuchar es un arte” como sabiamente lo expresó Krishnamurti (2009).

Sobre el diálogo existen páginas y páginas escritas, pero no tan profundas como en su momento lo ha expresado Leff y como lo llegó a escribir el destacado físico David Bohm. Me parece que existe mucha complementariedad entre las dos concepciones sobre el diálogo. Señalaré algunas citas del texto de Bohm que expresa:

“La actitud decisiva que nos lleva a aferrarnos a nuestra creencias y decir «yo tengo la razón», limita nuestra inteligencia porque el ejercicio de la inteligencia consiste precisamente en no defender ningún tipo de creencia […] No hay motivo para aferrarse a una creencia si tenemos alguna prueba de que está equivocada… la mejor actitud frente a una creencia o una opinión consiste en abrirnos a la evidencia de su posible falsedad.” (Bohm, 1996:66).

Ese diálogo de saberes ha sido central para las prácticas interdisciplinarias porque permite atender otras voces. Para escuchar, expresa Krishnamurti, “habría que abandonar o hacer a un lado todos los prejuicios, formulaciones previas y diarias actividades” Esta es una estrategia de la racionalidad ambiental. La racionalidad ambiental que se produce desde ese saber, tiene incidencia en la política y en los espacios de decisión política, porque posee los argumentos necesarios para defender la diversidad. Sus bases son “la formación económica de Marx, el concepto de racionalidad de Weber y el concepto de saber de Foucault” (2006:21)

Pero se debe tener en cuenta que el diálogo de saberes supera la interdisciplina, puesto que su espacio rompe con la estructura institucional para ubicarse en el espacio de la otredad, donde estas las comunidades y los movimientos sociales. El diálogo de saberes no es lo mismo que el diálogo disciplinar.


2.   Una racionalidad ambiental

La crisis ambiental se define como un signo de la sociedad moderna, que es a su vez crisis civilizatoria y de conocimiento. Forjada por los usos nocivos que se hizo de la ciencia al servicio del capital que le dio forma a la humanidad en los últimos siglos. Una humanidad que ha visto cómo el reduccionismo económico y tecnológico determinó las decisiones sobre la vida social, y no la ética y la filosofía como lo propone Max-Neff.

Por un lado confronta y devela el funcionamiento de esa sociedad que llevó al caos y la marginación de la naturaleza, pero por otro lado, propone reformular las bases del conocimiento hasta ahora existente. La racionalidad ambiental conjuga “el orden teórico e instrumental del conocimiento con los valores que plasman todo saber ambiental, abriendo las perspectivas de una administración científica y técnica del ambiente hacia una nueva racionalidad que integra la pluralidad de valores, visiones, concepciones e intereses que configuran el campo de la ecología política, donde confluyen diversas formas de racionalidad, así como las diferentes significaciones culturales asignadas a la naturaleza.” (2006:21)

Esa reformulación se logra mediante un nuevo esquema epistemológico. Una epistemología que pone en crisis los conceptos legitimados por las ciencias que validan el capitalismo, por otros conceptos que lo retan, como lo es el precisamente, el concepto de ambiente, como campo de relaciones entre la naturaleza y la sociedad. Una nueva forma de ver las cosas pues descentra el capital como núcleo de la vida para dar paso al ambiente como centro de la preocupación. El ambiente es la complejidad del mundo.

Así, la racionalidad ambiental transforma la mirada tanto que se tiene de la función del conocimiento al servicio de la sociedad, como del papel de la ciencia en la construcción del mundo. Una racionalidad que aboga tanto por la complejidad (como reflexión multidimensional de la relación hombre y naturaleza), como por el diálogo de saberes (que son las distintas formas de explicación disciplinar con los  no disciplinares, discursos no científicos y de la diversidad cultural y de otras identidades) y como por la interdisciplinariedad (que como diálogo de saberes, aboga por la posibilidad del encuentro disciplinario en función de sus métodos, teorías y conceptos).

La racionalidad ambiental integra la acción y la reflexión juntas. Por reflexión entiendo:

“En la mirada reflexiva admitimos operacionalmente que no sabemos, y miramos en la inocencia. Como resultado de esta mirada podemos ver algo distinto y cambiar. La reflexión como un acto en el lenguajear cambia nuestro ser porque cambia nuestro emocionar, de modo que quedamos orientados de distintas maneras en nuestro espacio relacional fuera de la situación anterior.” (Maturana, 1996:241).

Tenemos una responsabilidad con las generaciones que hoy se están formando en los hogares, las escuelas, los colegios, las universidades y en el espacio público, porque el “emocionar ambiental” (como el fluir de las emociones hacia nuestro entorno en relación con la naturaleza) que hoy aparece en nuestra relación con la naturaleza (que por cierto es muy particular y a veces nefasta) es el que vivimos desde nuestra infancia. Por ello, “cuando los científicos puedan comprometerse en un auténtico diálogo tendrá lugar una revolución radical en la ciencia” (Bohm, 1996:71).


3.   Unos apuntes como aportes desde mi humilde visión

“Necesitamos honestidad. Necesitamos que nos liberen de nuestra arrogancia especie-centrista. No existe evidencia alguna de que seamos «los elegidos», la especie exclusiva para la cual todas las demás fueron creadas. Tampoco somos la más importante porque seamos tan numerosos, poderosos y peligrosos. Nuestra tenaz ilusión de poseer una patente de corso oculta nuestro verdadero estatus de mamíferos erectos y enclenques.” (Margulis, 2002:140)

Motivar ideas que pretenden descentrar el ser humano como totalidad de la vida, para dar paso a la comprensión de un sistema complejo viviente, es un trabajo por hacerse.[3] La hipótesis Gaia, sustentada en los sistemas complejos, ha venido demostrando que el planeta Tierra como un sistema complejo, hace parte de un sistema universal y cósmico, resultado de millones y millones de años de vida, mediante la interacción y evolución de las especies de vida bacteriana que en su proceso evolutivo y bajo condiciones geomorfológicas y dinámicas del planeta, dieron como resultado la producción de la atmósfera y con ella, las condiciones para la aparición de la biosfera y la diversidad de vida en la Tierra.[4]

En este largo recorrido de evolución planetaria el ser humano solo aparece en los últimos momentos. Y aparece para transformar e impactar lo que por tanto tiempo las otras especies había logrado. El mundo no se ha construido por millones y millones de años con una complejidad exquisita y una diversidad de vida deslumbrante para que lleguemos, la conquistemos, la transformemos y la destruyamos en su riqueza y diversidad. Más difícil aún, el que esto lo realice un grupo “selecto” que se da el derecho de definir el rumbo del mundo para su propio beneficio.

El, a veces, reduccionismo humano y su arrogancia ecológica nos enceguece, nos hace negar toda probabilidad de vidas diferentes, así como también el origen de vida compartido con los otros reinos vivientes procedentes de la relación entre el mundo microscópico y el cósmico.

El ambiente es también una experiencia comunitaria y por tanto, se debe comprender que compartimos esta experiencia con otros. Una arrogancia ecológica que produce “delirios de grandeza” como especie. Arrogancia que nos produce muchas ilusiones, como por ejemplo, aquella que nos hace creer que conocemos el presente (Morin, 2011:16) “creemos conocer el presente porque habitamos en él.”  

Incluso, esta arrogancia humana ha conllevado a que no se reconozca la misma diversidad humana en términos de sus orígenes étnicos y distintas orientaciones. Se desconoce que lo vivo incluye lo no vivo, que lo material y lo espiritual conviven, y que las formas de vida mítica y simbólica persisten a pesar de todo el avance técnico. Que las diferencias en las creencias y las tradiciones particulares de los pueblos, todavía habitan como realidades concretas en los procesos mentales y corporales de muchos grupos culturales que aún resisten los embates de la injusticia social y ambiental dados a lo largo de la historia.

Ese egocentrismo humano ha impuesto entonces que solo existe una realidad, la capitalista, y que por tanto se debe rechazar cada nuevo descubrimiento realizado por la ciencia y sus científicos, porque ponen en cuestión y en peligro la sobrevivencia de la humanidad. Casos interesantes son los descubrimientos en Bosnia en el valle de las pirámides desde la arqueología interdisciplinada del Dr. Osmanagich pero también los descubrimientos del inmenso mundo microscópico de Lynn Margulis.

Los descubrimientos sobre el sistema viviente planetario, conlleva entonces a dos procesos sistémicos: por un lado, rompe con todo ese pensamiento conservador, determinista y egocéntrico de la humanidad como el centro del mundo para quien un poder divino construyó un planeta para que viviera infinitamente en él.

Pero por otro lado, abre un nuevo camino de entendimiento, de apertura para comprender la irreversibilidad y la incertidumbre como componentes que caracterizan la dinámica de los sistemas vivientes. Y que por tanto, estamos en un mundo en caos, muy diferente del que nos han hecho creer. Un mundo que al parecer es de carácter multidimensional. Debemos comprender entonces “Que el porvenir pertenece más a lo improbable que a lo probable (pues) ninguna estrella guía el porvenir” (Morín, 2011:23-25)

Esta nueva disposición de pensamiento, la del sistema natural y viviente como totalidad, merece comprender también una paradoja: que, a pesar de los efectos nocivos de la superespecialización, los avances de campos especializados y disciplinados han sido indispensables para el avance del conocimiento científico y para las aproximaciones interdisciplinarias en la idea de una nueva comprensión del mundo. Esto nos lleva a reflexionar sobre la oposición entre la disciplina y la interdisciplina, así como también nos lleva a cuestionar la fractura en las ciencias humanas y sociales y las ciencias básicas y mal llamadas “exactas”, porque la ciencia se construye igualmente con falsaciones.

Hoy empezamos a hablar de la postdisciplinariedad, que no es un estado después de la disciplina, sino un modo diferente de construir conocimiento y que consiste en partir de problemas como sistemas complejos. Pero la postdisciplinariedad no hay que tomarlo como algo diferente a la interdisciplina, sino como un elemento que se une para fortalecerla. Una apertura hacia la ciencia posnormal donde, incluso, el saber comunitario y popular cobra profundo sentido.

Finalmente deseo expresar que para librarnos del reduccionismo económico, del determinismo científico y del egocentrismo de especie que nos produce los delirios de grandeza, se requiere del amor como fuerza exponencial. Para dar pasos hacia una racionalidad ambiental, como claramente el profesor Leff nos lo ha demostrado, se urge resignificar lo que entendemos por amor, y para ello, el diálogo de saberes que propone Enrique Leff es central. El amor desprovisto de valores de consumo, de transacciones económicas y utilitarismo. Ese no es, aunque ese es el que predomina a gran escala en este, nuestro mundo.

Como lo expresa David Bohm, y en estoy totalmente de acuerdo: “el amor no puede surgir si no podemos comunicar y compartir el significado.” (Bohm, 1996:82). Y se requiere mucho amor, iluminación y entendimiento para comprender que nuestro sistema viviente, en su inmensa grandeza, complejidad, historia y vida, desborda toda nuestra racionalidad científica. Se requiere un diálogo, incluyente y honesto.

Estimado profesor Leff, la Universidad Autónoma de Occidente lo acoge con todo el placer, con toda la humildad y con todo el amor y el respeto. La comunidad académica valora profundamente su presencia!

Bienvenido profesor… Ponga nuestros pensamientos a danzar…

4.   BIBLIOGRAFÍA

-   Bohm, David. Sobre el diálogo. Barcelona: Editorial Kairos, 1996.
-   García R. Interdisciplinariedad y sistemas complejos.
http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/garcia01.pdf. Consultado. 25 de Noviembre de 2009.
-  Krishnamurti, Jiddu. Principios fundamentales de su enseñanza. Octubre 2009.
- Leff, Enrique. (2006). Complejidad, racionalidad ambiental y diálogo de saberes. Ponencia  presentada en el I Congreso internacional interdisciplinar de participación, animación e intervención socioeducativa. Barcelona, España. Noviembre.
- Leff, Enrique. (2006). Aventuras de la epistemología ambiental: de la articulación de ciencias al diálogo de saberes. México: Siglo XXI.
- Margulis, Lynn.  Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista sobre la evolución. Madrid: Editorial Debate, 2002.
-   Maturana, Humberto y Bloch, Susana. Biología del emocionar y Alba Emoting. Santiago: Dolmen Ediciones, 1996.
-   Morin, Edgar. ¿Hacia dónde va el mundo? España: Paidos, 2011.



[1] Conferencia de saludo de bienvenida y de presentación del profesor Enrique Leff en el marco del Seminario Internacional sobre Inter y Transdisciplinariedad, realizado el día 26 de agosto de 2014, Auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Coordinador del Seminario Internacional Sobre Inter y Transdisciplinariedad. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Occidente. Magíster en sociología. Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales. huribe@uao.edu.co
[3] Por sistema complejo se entenderá aquellas realidades que como totalidades y cuyo funcionamiento depende de sus componentes que como subsistemas interconectados aportan al funcionamiento del conjunto del sistema y el sistema en su conjunto contribuye al funcionamiento de cada parte o subsistema
[4] Definí el sistema viviente como una totalidad como aquella perspectiva en proceso de construcción, que comprende la formación continua e incesante de la diversidad de la vida como parte de un sistema más amplio y complejo existente en la naturaleza del universo y que va desde su dimensión microscópica a nivel subatómico hasta el nivel de los procesos macroscópicos o cósmicos y astronómicos.